Hoy el Señor nos da la clave de la Salvación del mundo. Conversaba con Nicodemo, un fariseo del Sanedrín con quien tenía una relación de afecto y simpatía. Y le revela: «El que cree en el Hijo tendrá la vida eterna».
Hoy, Señor, voy a pedirte fe y esperanza, para que pueda manifestar tu caridad públicamente, con humildad, pero dando testimonio del Amor que me has regalado.
Contigo, la vida se dilata y el amor humano se ensancha hasta tocar el infinito de Dios.

Artículo anteriorLa educación en un mundo líquido
Artículo siguienteEl primer y único anunció.