¿Me tomo en serio el amor del Señor?

¡Qué serio ir en serio! Los jóvenes de hoy solemos decir muchas cosas y hacer pocas. Decimos al Señor que sí, prometemos a una persona algo, y muchas veces no nos paramos a pensar en lo que realmente queremos decir con aquello que hemos prometido. En cierta manera, hemos perdido el valor de la promesa, el valor de la palabra.

¡Qué difícil es ir en serio y qué serio es ir en serio! La entrega de la vida es, realmente, la entrega total y completa de la vida. Pero, ¡cuánto cuesta! Cuando dos personas se casan, se están entregando mutuamente sus vidas, para siempre, significa que ellos ya no serán el centro de sus vidas nunca más, sino que ahora lo será el otro, el Otro. Una persona deja de pertenecerse para pertenecer a otro, y ¡qué impresión cuándo nos damos cuenta de todo lo que implica! 

Pero después, cuando nos vemos incapaces de algo tan grande como la entrega de la propia vida, pienso ¡qué poco es una vida para darla!¡Qué poco! Si pudiera, entregaría mil vidas más, mil tiempo más. Miro al Señor y desde la Cruz me hace ver que Él no nos ha amado en broma, su Pasión ha sido en serio, y tan en serio que ha decidido quedarse con nosotros hasta el fin de los tiempos, ha decidido quedarse en un trozo de pan.

El Señor no nos ha amado en broma, y muchas veces ni lo pensamos. El Señor nos ama en serio, ¡qué fuerte! Tenemos que tomarnos en serio aquello que prometemos y darnos cuenta de todo lo que significa.

Cuando Jesús, en la Cruz, dijo a san Juan: !Hijo, aquí tienes a tu Madre! ¡Madre, aquí tienes a tu Hijo», no lo decía en broma. ¡Menudo momento para bromear…! El Señor nos dejó a su Madre, ¡tenemos a la Virgen como Madre! ¿Nos damos cuenta? ¿Nos hemos tomado al Señor en serio? Este mes podemos demostrar que realmente nos hemos tomado en serio las palabras del Señor, la Pasión y Resurrección de Jesús y cuidar especialmente la maternidad de la Virgen, quererla como la verdadera Madre que es. ¿Qué harás por Ella? 

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