Quiero a Jesús porque me dejo amar por Él. Marisol Jiménez

    Mi nombre es Marisol Jiménez Jiménez, tengo 23 años, vivo en Buga, Valle del Cauca Colombia, consagrada a Jesús por María por el método de San Luis María Gringon de Monfort, Misionera del Movimiento Católico Lazos de Amor Mariano, estudiante y empleada.

    A la pregunta de cómo vivo mi fe, no queda si no responder que dejándome amar por Dios cada día, dejando que sea Él quien me guíe y quien me moldee. Conocí a Dios a mis 18 años, iniciando un proceso de consagración al cual fui sólo por compromiso y del cual se valió la Virgen María para conquistarme y enamorarme de Dios. Recuerdo que asistí a un grupo de oración y en éste había exposición al Santísimo, yo no era capaz de levantar mi cabeza porque no me sentía digna de hacerlo y recuerdo que le dije, Señor no te conozco y no he creído en Ti, pero voy a buscarte y conocerte; para mí, como lo menciona Juan (1 38,39) fueron mis 4 de la tarde, porque fue el momento en que Dios me habló al corazón diciéndome que lo intentara porque desde ese mismo momento todo iba a ser diferente.

    Después de esto asistí a un retiro espiritual donde conocí la gran bondad y misericordia de Dios, cómo su amor es infinito, cómo desde siempre me ha estado esperando, finalmente terminé mi proceso de consagración e inicie mi formación como misionera que para Gloria de Dios aun continuo.

    De todas las cosas que he vivido ésta ha sido la mejor que me ha podido pasar, no me arrepiento de entregar mi Juventud al Señor, considero que hoy es completamente necesario que más Jóvenes conozcan lo que es amar, servir y vivir en Dios, es en Dios donde encontramos el verdadero sentido de nuestra vida, donde realmente somos felices.

    Muchas veces nos aborda el miedo y la inseguridad pensando en que si decidimos darle un sí a Dios seremos infelices, o simplemente no queremos renunciar aquello que creemos que nos hace felices pero que en realidad solamente te regalan instantes de felicidad, pero que efímeramente se van, que solamente generan desasosiego, pero cuando te arriesgas a creerle a Dios a confiar en Él, te das cuentas que hay cosas que realmente no te edificaban y te estaban haciendo perder el rumbo y el propósito para el cual Dios te ha creado. Dios no quita nada por el contrario lo da todo.

    El hecho de llevar una vida en Dios no te reprime de nada, ojalá nos quitáramos esa creencia de que profesar nuestra fe es quedarse ensimismado en sí mismo, yo soy una persona común y silvestre, trabajo, estudio, salgo al cine, a comer helado, pero en todo lo que hago trato de siempre llevar a Dios y dar respuesta de mi fe de una manera coherente. Todo no lo ha proporcionado Dios de una manera ordenada, si no que lamentablemente hemos desfigurado el sentido de todo, de tal manera que sólo queremos satisfacer nuestras propias pasiones y deseos. Y, aunque no sea un camino fácil ya que somos muy atacados por el mundo y nos tildan de fanáticos, idólatras y otras cosas más, tratando de apabullar lo que creemos, profesamos y defendemos, el mundo siempre querrá arrastrarnos con sus falsas promesas, y Dios siempre sostendrá porque sus promesas son eternas y como lo
    menciona San Pablo 1 Cor 10, 13 “Dios es fiel y no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas, sino que aun junto a la tentación preparará la salida, para que podáis sobrellevarla”; adicionalmente tenemos a nuestra Madre la Santísima Virgen María, Ella que como buena madre nos acompaña y guía. También vivo mi fe realizando apostolados como retiros espirituales, consagraciones entre otros, rezo el rosario y voy a Eucaristía todos los días. No hay mejores armas para mantenerse de pie y fiel a Dios que una oración constante, dar a conocer lo que Dios nos ha dado, ser de aquellos de los que creemos que los buenos somos más, que es posible caminar en Dios.

    Finalmente termino diciendo que como joven no me avergüenzo de llevar una vida en Dios, de orar, de practicar la castidad, como de tampoco querer darlo todo por el todo, de luchar por alcanzar la Santidad, de pertenecer a la Iglesia Católica. Me encomiendo a sus oraciones para que sea la gracia de Dios ayudándome a perseverar y a ser fiel al llamado que me ha hecho.

    Marisol Jiménez Jiménez