Me dejé mirar por Dios. Abraham Cañedo.

    Hola!, mi nombre es Abraham Cañedo, soy de Sinaloa, México, tengo 21 años y actualmente estoy cursando mi tercer año en el Seminario Diocesano de Culiacán.

    Mi historia puede ser como muchas otras, pero lo que la hace única y especial, es que es mía… y hoy  te la quiero compartir. Nací y crecí en una familia católica por tradición, más no mucho por convicción, mi mamá se empeñaba en llevarnos a misa a mis hermanos y a mí pero la verdad es que era inútil, realmente nos parecía muy fastidioso, pude realizar los sacramentos básicos de iniciación cristiana y listo, eso era Dios para mí: alguien con quien se tenía que cumplir y estar bien.

    A partir de esto Dios paso a un segundo plano, claro, oía hablar de Él pero en realidad no tenía una relación con él y para serte sincero, no me interesaba mucho buscar alguna relación.

    Cuando cumplí 15 años entre a un retiro hecho por jóvenes para jóvenes, que marco mi vida, no puedo decir que le dio un giro total pues no fue así (al principio) pero si puedo decirte que no fui el mismo desde ese momento, Dios me hizo abrir los ojos y pensar: ¿Realmente así como soy? ¿Así como soy puedo ayudar a otros jóvenes y a las demás personas que se han sentido como yo? Vacíos, llenos de rencores, de heridas, y comprobé que sí, así como soy podía ayudarlos, para mí esto fue el acontecimiento más grande de la vida, como un tesoro que siempre estuvo frente a mí y no podía verlo, como tenía toda esta necesidad de querer hacer algo por los demás y haber encontrado el lugar donde poder hacerlo.

    Y así fue, Dios me fue enamorando, no fue fácil, pero lo hizo, Dios me fue dando más pero también yo empezaba a sentir que me seguía pidiendo más y más, mi corazón a pesar de todas las actividades que hacia seguía inquieto, como una espina en el corazón, el llamado al Sacerdocio no es un momento, son muchos momentos llenos de Dios, los que menos te imaginas, porque a veces es en lo más sencillo donde Dios nos habla más fuerte. Y así fue mi llamado a la Vocación Sacerdotal, en específico recuerdo un momento muy especial que tan solo fue el detonante que necesitaba para animarme a dar mi respuesta: Un día charlando acerca de mi discernimiento vocacional con un sacerdote, fui totalmente sincero y le dije: sabe Padre, yo no creo encajar en esto del Sacerdocio, siento en mi corazón el llamado pero creo que mi personalidad no es para esto”, El solo me miro y me respondió: “Abraham, lo que tú puedes llegar a aportar así como tú eres tal vez es lo que hoy necesita la Iglesia”, ahí en ese momento tan sencillo, en una simple conversación me deje mirar por Dios, con alegría, dudas, miedos, pero sobre todo con mucho amor…  y me decidí a decirle que sí.

    No sé qué me depara el futuro pero lo que si se es que mi futuro está en manos de Dios, quiero seguir haciendo su voluntad para responder con amor, sencillez pero sobre todo mucha alegría, aun me restan 5 años de preparación para darle mi si eterno a una vocación eterna: El Sacerdocio.