Vale la pena ser madre de 7 hijos. Rosa Falero

    Me llamo Rosa Falero, soy  uruguaya, cristiana, católica practicante, vivo en Montevideo, estoy casada con Roberto hace 29 años y tenemos 7 hijos. Trabajo como madre primero, luego comparto la profesión de arquitecta en una Oficina Pública y en el Estudio que tenemos en casa.

    “La locura diaria empieza temprano”, con el agradecimiento a Dios por el nuevo día y el ofrecimiento de mi trabajo para dar Gloria a ÉL.

    Desde los comienzos, desde nuestro matrimonio, le fuimos dando forma a nuestra familia, siempre abiertos a la vida, convencidos que la paternidad generosa y responsable era nuestro camino, y se dio de tener 7 hijos, fue nuestro número, siete hermosas personas y diferentes, por lo que agradezco a Dios.

    Frente a los tiempos que  nos tocó vivir, en nuestro país, que no debe ser ajeno a otros, y en los ambientes de trabajo, no somos comunes, por ser una familia numerosa, nos han “tildado de locos” , pero la verdad una locura divina, que permite llevar la vida con otros parámetros, de llevar un orden diferente, de aprovechar el tiempo de otra manera, si no, no se llega,  de aprovechar los recursos materiales, de dar una educación libre, pero con cuidado y pensando en el otro, mantener la calma, ejercer la paciencia y no olvidar la sonrisa aunque en casos cueste, en definitiva buscar la santidad en las cosas pequeñas de cada día. Como anécdota, les cuento un ejemplo, cada hermano heredaba lo material de los hermanos más grandes, cuando terminaba el año escolar, y empezaban las vacaciones,  hacían limpieza de sus estantes en el ropero, y separaban, ropa que le pudiera servir a otro hermano, y lo que se separaba para dar, los más grandes ayudaban a hacerlo a los más chicos también.

    Pero como son siete, les quería dar a conocer, que son muy importantes cada uno de ellos para mí. Desde bebes les decía, hasta el día de hoy, “sos el único hijo N X preferido que tengo”, y así es, cada hijo es único, con su modo de ser, con su carácter, y con la misma educación, pero libres, porque  son diferentes. Además de compartir muchas vivencias en familia, realizaba con cada uno de ellos alguna actividad diferente y específica, según su gusto o actividad que cada uno tenía. Dentro de los quehaceres domésticos, cada uno, tenían asignada una tarea: poner o quitar la mesa, preparar o guardar meriendas para el Colegio, etc… todos teníamos que ayudar para el bien de todos.

    Tenemos cuatro varones y tres niñas, muy amigos y compañeros entre sí, donde se comparten las tristezas, que al mayor número, es muchos más llevadera, y las alegrías que se multiplican. Siempre el clima de la casa es de fiesta, hay cuentos, hay  anécdotas en la cena, es la reunión familiar, por los horarios de trabajo y estudio, por lo que se pasa muy bien y se disfruta.

    Hoy  ya no tengo hijos en primaria, el tiempo pasa, con los dos varones mayores ya casados, tenemos un nieto, pero  la actividad sigue, es lo que nos mantiene jóvenes de espíritu. Y la verdad que les digo, VALE LA PENA !