El relato del evangelio de mañana, domingo, pondría tenso al hombre más frío del planeta. Lucas me permite presenciar las tentaciones de Satanás hacia Jesús: las artimañas que el maligno utiliza contra el Señor.
Gracias a Dios, puedo aprender mucho de este pasaje tan conectado con este camino de Cuaresma que me toca vivir. No debo dialogar jamás con el mal, sino hacer oración, y tapar la boca del diablo con la Sagrada Escritura. Pero, ojo, si Dios permitió que Jesús, Hijo del hombre, fuera tentado, ¡cuántas veces más seré tentado yo y con cuánta más intensidad!
Sin embargo, el salmo 142 dice: ‘Tú conoces mi camino. En el camino por donde voy me han puesto una trampa (…). A Ti clamo, Señor, y te digo: «Tú eres mi refugio; tú eres todo lo que tengo en esta vida» (…). Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo’. Y añade el salmo 26: ‘El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?’. ¡Hoy, Señor, NO TENGO MIEDO!

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