La mirada de Jesús

    Era una mañana como otra cualquiera, era viernes 1 de febrero y, como cada viernes que no llueve, fui a dar un paseo por Malone Road la calle principal donde vivo en Belfast. Suelo llegar hasta una iglesia donde hay adoración de 10 a 12, y como siempre entré a saludar al Señor, pero entrando me paso una cosa curiosa, me encontré a una mujer que estaba un poco perdida, era de china, lo deduje por sus rasgos (y porque le pregunté después). Se me acercó, y con el acento de su país (que me costó bastante entenderla) me preguntó en inglés que por dónde estaba la puerta. Le dije que viniera conmigo que yo iba a entrar también. Cuando entramos me doy cuenta de que es viernes y no estaba el Santísimo expuesto, sino que había misa, y no una misa cualquiera, sino una misa colegial (tengo que aclarar que es una Iglesia que está unida a un colegio), y los niños tenían misa por ser el día de la patrona de su cole: Saint Brigid.
    Entonces decidí quedarme en misa. Me senté en el último banco y esta chica se sentó a mi lado, lo único que me dijo (o que yo entendí) era que venía porque su hijo estaba en primary 3 (3°de primaria). Durante la misa me fijé que me miraba de reojo y hacía lo mismo que yo, cuando me levantaba ella hacía lo mismo, cuando me arrodillaba ella igual y así con todos los gestos de la misa. En el momento de la paz fue gracioso porque le di la mano y se me quedó mirando sin entender que hacía, entonces se lo expliqué y le dije que era una tradición y me dijo mirándome a los ojos los mismo que yo le había dicho, pero con una fe tremenda: “the peace is with you”.
    En el momento de la comunión me levanté y fui a comulgar, y no me di cuenta que ella también se levantó hasta que me senté en el banco y la vi en la fila, la verdad que en ese momento me sorprendió verla yendo a comulgar porque pensaba que nunca había ido a misa, y me alucinó ver lo centrada que estaba, como escuchaba cada palabra del sacerdote y como estaba viviendo la eucaristia.
    Volvió de comulgar se sentó a mi lado y se empezó a acercar, y en voz baja abriendo las manos me dijo (no hablaba muy bien inglés así que como dije antes me costaba entenderla y más comunicarme con ella): “What I have to do with the body of Christ?” Y allí en sus manos tenía el cuerpo de Cristo. En ese momento me quedé en shock, no reaccionaba y no sabía qué hacer… si debía llevar la Forma al sacerdote, si tenía que tomármela yo… Pero lo primero que hice, con mucho cuidado, fue coger la forma y sostenerla con las manos abiertas, para que ella se diera cuenta que lo que estaba tocando era sagrado y de un valor infinito. Ella con una cara muy dulce e inocente me miró y sin entenderlo me dijo: es mío verdad? (me hizo mucha gracia), y de verdad que hasta ese día no había visto nunca la mirada de Jesús, la vi en sus ojos inocentes, ella estaba deseando recibirlo sin saber muy bien el significado, pero vi la fe que llevaba dentro, CREER SIN VER SIN SABER SIN ENTENDER, fue algo alucinante.
    Entonces miré la forma en mi mano y la miré a ella, y vi la respuesta, igual si no hubiera sido por esa coincidencia, por encontrarnos en la puerta, esa chica nunca hubiera recibido a Cristo. Decidí explicarle el significado de ese trozo de pan y ella me miraba muy atenta, yo le señalaba la cruz para entendernos y ella me asentía con una sonrisa a cada palabra que le iba diciendo, como deseando que se la diera. Después de unos segundos intentando resumirle la importancia de lo que iba a recibir, le dije que después tenía que rezar, que no era difícil, solo mirar a la cruz y hablar con Jesús. Y finalmente, le di el Cuerpo de Cristo, se puso de rodillas y cerró los ojos (y aunque no os pueda decir que pasó por su cabeza o qué estaba pensando, vi que estaba hablando con Dios). Fue un momento único.
    Cuando acabó la misa, me saque una estampita que llevaba de la Virgen en el móvil y se la regalé. Ella me miró, me cogió de las manos y me dió un abrazo enorme, y sin conocerla, fue el abrazo más bonito y sincero del mundo. Me di cuenta que para ella, esa imagen de la Virgen en un trozo de papel significaba mucho. No me dio tiempo a explicarle muy bien quién era, pero me dio la sensación de que lo sabía y que la iba a cuidar. Y sin más, me dio tres veces las gracias y me dijo: “Nice to meet you, have a really lovely day” y se fue con una sonrisa.
    Leti Ranera