El mejor camino para llegar a casa

El que quiere conocer la verdad y lucha por buscarla corre el peligro de encontrarla. Así que, te tengo que dar una mala noticia. Aun siendo un cristiano comprometido con tu fe, que lucha contra sus dragones por parecerse cada vez más a Cristo, y por muy decidido que camines por esta aventura de vivificar el sentido mismo de tu existencia, ¡Tú solo no puedes con esta misión! Es más, ni siquiera has sido creado para ser autosuficiente. Nuestra debilidad, las tentaciones que oscurecen nuestra alma impiden que, por nuestras propias fuerzas, cumplamos el mandato del Señor. Por eso mismo, “Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus  hijos”, y por tanto… ¡A qué dependamos de Su consejo!

Ahora bien, ¿Esto cómo se concreta? ¿De qué manera podemos crecer para ser auténticos hijos de Dios? No existe ninguna fórmula mágica que permita que nuestro corazón persevere para que en el alma fluya ese deseo de ser cada vez más de Jesús, de ser testimonio vivo de su mensaje en medio del mundo. Sin embargo, como san Pablo hiciera por mandato expreso del Señor con Ananías, podemos contar con alguien que nos ilumine sobre cómo emprender el camino de la fe: el director espiritual. Con su orientación, atravesamos la superficialidad en la que podemos caer viviendo “a nuestra manera” las enseñanzas de Dios, para descubrir cómo, bajo esa capa en ocasiones aburrida y aparentemente dogmática, se esconde el misterio mismo de nuestra existencia: que Dios nos ama hasta el infinito, que jamás nos echa en cara las desgracias y males que hemos podido causar, y sobre todo, que nunca nos abandona, ni siquiera cuando nosotros mismos lo hacemos.

Pero todo esto no se descubre por ciencia infusa. El camino de un cristiano es la senda de un hijo que, por medio de la oración, conversa con su Padre sobre cómo ha de vivir, y sobre todo, para qué ha de vivir. Con la dirección espiritual se nos puede iluminar esa ruta a veces tan ardua y poco fértil que nos puede resultar el vivir con Cristo y para su llamada. A través de la dirección espiritual dejamos que nuestro corazón pueda recibir los impulsos de alguien que, bajo la dirección del Espíritu Santo, busca sacar lo mejor de nosotros… ¡Para entregárselo al Camino, la Verdad y la Vida!  Es en ese diálogo donde podemos asumir nuestra tarea de convertir cada circunstancia de nuestra vida en una ocasión para perseverar, mejorar, incrementar y consolidar esa locura evangélica de que nos llamen locos… ¡Por estar enamorados del que siempre estará con nosotros!