¿Cómo sabes que conoces a Cristo?

Quizá lo que te vaya a decir te suene típico o que no alberga en sí ningún secreto, pero la verdad es que Dios habita en los detalles, en lo sencillo. ¡DIOS EXISTE Y ESTÁ VIVO! Aquí y ahora, a tu lado, mientras lees este post, ¡¡mientras vas en bus a la uni, mientras estudias, mientras quedas con tus amigos!! Pero, ¿realmente lo crees? ¿Le conoces?

Hoy me gustaría hacerte un pregunta que también me plantearon a mí hace poco: ¿Conoces a Dios? Y yo respondí que sí, que no en su plenitud pero que sí. A lo que me preguntaron de nuevo, ¿Y cómo sabes que conoces a Cristo? Y esta pregunta es la que te planteo hoy a ti, querido joven. ¿Conoces a Cristo? ¿Realmente? Y ¿Cómo lo sabes? Creo que esta es la clave para descubrir qué papel juega Dios en tu día a día, y qué manera tienes de vivir la fe. Date razones de por qué Le conoces, cómo lo ves, cómo te das cuenta, cómo lo vives.

Creo que los católicos de hoy sufrimos un gran peligro y es que nos acostumbramos a la presencia del Señor, nos acostumbramos a vivir con Él y muchas veces no reparamos en su grandeza. No nos damos cuenta de que Dios está vivo, pero de verdad, de verdad. Y hay destellos de Su Belleza por todo el mundo, en todas las cosas, en todo, pero ya las damos por supuestas o tan siquiera las vemos. Nos parece normal.

Y ahora querría hacerte otra pregunta que me encantaría que te respondieras: ¿Quién es Dios para ti? De verdad, sin tapujos. Date tiempo para pensarlo, para meditarlo realmente.  Después piensa ¿Quién eres tú para Él? Plantéatelo. ¿Alguna vez te habías parado a pensar en esto? Seguramente sí, pero es buenísimo ir redescubriendo la suerte que tenemos, volver a hacerlo experiencia, a hacerlo vida, vida de verdad. 

Si Le conoces te será imposible no querer vivir para Él, no desear que todos Le conozcan, porque lo que has descubierto es taaan grande, taaan maravilloso que quieres que todos se enteren, que todos vivan lo mismo que tú. ¡ES UNA REVOLUCIÓN! Si le conoces, ayuda a que los demás Le conozcan como tú. Pero nunca dejes de preguntarte, ¿hoy he conocido al Señor? ¿Le he reconocido?