Juan Vicente Boo: “No hay nada más tuitero que el Evangelio”

    Este es un libro de espiritualidad. Y muy profunda. No es un libro sobre redes sociales.

    Su autor no usa móvil, ni tableta, ni ordenador. Y aun así, es la persona con la mejor reputación en Internet y el “número uno” de los líderes mundiales con más millones de seguidores reales enTwitter.

    Por desgracia, las redes sociales están excesivamente sobrecargadas de información banal, y resulta muy difícil separar la paja del grano. Los tuits de nuestro @Pontifex en los nueve principales idiomas – del español al árabe- son como pepitas de oro dispersas y escondidas entre montañas de arena.

    Este libro los “pone a salvo”, juntos, en un lugar seguro y permite meditarlos en silencio, sin las frecuentes distracciones del teléfono móvil o del ordenador.

    Cada tuit del Papa es siempre una luz. Ordenados por temas, los 500 seleccionados forman poderosos reflectores para ver mejor a Jesucristo, examinar la vida personal y centrarse en lo esencial del cristianismo.

    Francisco tiene puntos fuertes y débiles, que no esconde. Quizá su punto más fuerte es la espiritualidad desbordante de una persona que reza más de cuatro horas diarias.

    Sus tuits “hablan” al alma y dan paz porque provienen de un corazón optimista y enamorado. Son profundos, pero, a la vez, sencillos. Lo que Pedro de Betsaida tuitearía de vivir hoy.

    Son tuits entre dos mundos: el que se ve y el que no se ve; el de hoy y el de la eternidad.

    Meditarlos ayuda a hablar con Dios Padre y a entrar en una familia sobrenatural: María de Nazaret, su esposo José, los ángeles custodios, los santos del cielo, los “santos de cada día” que uno encuentra al pasar… llevándonos a mirar a nuestro alrededor con otros ojos.

    Mejoran la sintonía con el Espíritu Santo y la paz interior. Son una verdadera medicina, siempre al alcance de la mano.

    Ayudan a mantener la calma en ls dificultades, a intentar amar a todas las personas, a enfadarse menos, a hacer el bien – en dosis pequeñas, pero frecuentes – y a vivir con alegría. Son píldoras para el alma.