Voluntariado : ¿obra de amor?

“¿Hago voluntariado por servicio a los demás o por interés propio? Después de cada voluntariado me siento bien, ¿estoy haciendo lo correcto o estoy empleando a mi prójimo como medio de autorrealización? ” Seguro que si dedicas parte de tu tiempo a ayudar a los demás a través de un voluntariado social has tenido que enfrentarte a estas preguntas. No obstante, desde un punto de vista cristiano, este planteamiento es incorrecto.

Hagamos el siguiente ejercicio. Observemos el mosaico que aparece arriba. Se trata de una obra del artista y jesuita Marko Ivan Rupnik y representa la parábola del buen samaritano (Lucas 10, 25-37). En la imagen se aprecia como el samaritano es, inequívocamente, Jesús. Un Jesús resucitado que conserva las heridas de los clavos de su crucifixión. Un Jesús, que después de ser humillado y rechazado como eran los samaritanos en aquella época, venció a la cruz, venció a la muerte y nos enseñó que el amor rompe todas las fronteras. Sin embargo, lo más llamativo de este mosaico es el hecho de que el rostro del herido, de ese hombre anónimo que viajaba de Jerusalén a Jericó es también el rostro de Cristo. Esta vez, un Cristo que parece descender de la cruz, un Cristo sufriente al que todo el mundo ignora, al que nadie se quiere acercar por su aspecto demacrado, porque transmite asco y suscita el rechazo de quienes pasan a su lado.
Cabe destacar, por último, la mirada del samaritano, una mirada profunda, de ternura infinita…Por su parte, el herido se muestra con los ojos cerrados, con confianza y entrega a quien le está salvando la vida. Fe y caridad se funden en una sola escena, siendo la una indisociable de la otra y viceversa. Y en medio aparece Cristo en sus dos dimensiones, la de hombre y la de Dios, que a través del Espíritu nos impulsa a parecernos más a Él, a encontrarnos con Él.
Ahí es donde está la clave del voluntariado social cristiano. En encontrarnos con Cristo, en dejarnos amar por Cristo y en dar testimonio de ese amor. Pues amor y caridad son términos intercambiables y del amor brota el servicio y el servicio nos lleva al encuentro con Jesús. Pues Él nos dijo que amaramos al prójimo ‘’como a uno mismo’’ y que nos amaramos como Él nos amó.  Es, precisamente, ese amor el que nos llena de gozo pues en nosotros se hace presente la Buena Noticia y eso no puede transmitir sino alegría. Cristo nos llama a realizarla y a buscar respuesta a su por qué. Una respuesta resumida en una palabra…AMOR.

Álvaro Muñoz