¿Defraudar, es cristiano?

En esta época que parece que se ha puesto de moda el defraudar queríamos recordar lo que dice el Compendio de la Iglesia y unas palabras del Papa Francisco.

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia es claro en su número 130: San Pablo define las relaciones y los deberes de los cristianos hacia las autoridades. Insiste en el deber cívico de pagar los tributos: « Dad a cada cual lo que se le debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor». El Apóstol no intenta ciertamente legitimar todo poder, sino más bien ayudar a los cristianos a « procurar el bien ante todos los hombres», incluidas las relaciones con la autoridad, en cuanto está al servicio de Dios para el bien de la persona  y « para hacer justicia y castigar al que obra el mal» .

Pero si esto ni fuera suficiente las palabras del Papa Francisco en 2013 dejan claro que el que engaña esta muy lejos de ser un buen cristiano: el Pontífice recordó en esa homilía de Santa Marta que quien mete la mano en el bolsillo y hace ver que ayuda a la Iglesia mientras que con la otra roba «al Estado, a los pobres». Este «es un injusto» para quien hubiera sido mejor —«y no lo digo yo sino Jesús», subrayó el Papa— que le pusieran una piedra de molino y lo tirasen al mar. No se habla aquí de perdón, «porque esta persona engaña», dijo el Papa haciendo luego referencia a la primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría.

Después añadió que «donde hay engaño no está el Espíritu de Dios. Ésta es la diferencia entre pecador y corrupto. Quien hace una doble vida es un corrupto. Quien peca, en cambio, quisiera no pecar, pero es débil y se encuentra en una condición en la que no puede encontrar una solución, pero va al Señor y pide perdón. A éste el Señor le quiere, le acompaña, está con él. Y nosotros debemos decir, todos nosotros que estamos aquí: pecadores sí, corruptos no». Los corruptos, explicó una vez más el Papa, no saben lo que es la humildad. Jesús los compara con los sepulcros blanqueados: bellos por fuera pero por dentro están llenos de huesos putrescentes. «Y un cristiano que presume de ser cristiano pero no vive como cristiano —destacó— es un corrupto».

Por consiguiente parece claro que aquel que defrauda no debe estar sólo en el banquillo de los tribunales de justicia.