¿Por qué no empiezas la Misa 5 minutos antes?

¿Quién no ha utilizado el banco de la Iglesia como una cama en la que echar una cabezadita? O… ¿Quién de repente al salir de Misa no se ha dado cuenta de que tiene lagunas mentales acerca de la lo ocurrido en la celebración (lecturas, oraciones…)?

Y es que a veces se nos puede pasar la Misa en una abrir y cerrar de ojos, sobre todo en el cerrar de ojos, sin saborear todo lo que allí ha ocurrido. En esos momentos nos podríamos considerar “tierra infecunda” en la que Jesús ha querido sembrar pero al final la semilla no ha conseguido arraigar y no ha producido fruto.

Por eso, una buena preparación sería como pasar un arado y usar una regadera que nos convierta en “tierra buena” en la que la semilla se instale para hacer florecer nuestra vida.

También es bueno que vayamos dispuestos a celebrar la Eucaristía como iríamos a un banquete: con “hambre”, que es esa fe que hace que nazca la necesidad y no el mero cumpli-miento. Es ir con el corazón abierto para dejarse transformar por el Señor y su Palabra de Vida, y por eso es de suma importancia cuidar constantemente nuestra alma para un verdadero y eficaz encuentro con Dios y Su amor.

Nuestro gozo de asistir a ese gran Banquete puede empezar desde el momento en que nos levantamos, o incluso al acostarnos, quizá aprovechando para leer y meditar las lecturas que se van a proclamar ese día. El caso es que, independientemente de la hora a la que se celebre la Eucaristía, todo nuestro día tiene que ir cual flecha hacia un blanco fundamental, el Altar, en el que clavaremos todo lo vivido desde la Misa anterior: las cañas con los amigos, las compras en Zara, la derrota de nuestro equipo en Champions, los compañeros de carrera, los que marcharon a otra ciudad, el abuelito que murió hace poco…; la Misa así será más nuestra, y ofreceremos junto al cáliz y la patena nuestros miedos y nuestras preocupaciones, nuestras alegrías y esperanzas en la patena, para que cuando Cristo descienda a ella durante la Consagración, las encuentre todas.

En cualquier caso, y como se titula el post, siempre es importante guardar unos minutillos de silencio antes de la celebración en los que hablar con el Señor, en los que acallar los ruidos del alma, para pensar lo que vamos a ofrecer y para invocar al Espíritu Santo pidiéndole motivación para vivir lo que allí va a pasar.

Antonio Guerrero