¿Vas a faltar a la cita?

Levantarse por la mañanaQuien diga que levantarse todos los días no cuesta nada debería ir pensándose eso de llamarse fantasma. Aparentemente, no requiere esfuerzo. Sin embargo, es la primera de las batallas con las que nos encontramos a lo largo del día, justo después de haber estado rondando en nuestros sueños. Es entonces cuando el estómago ruje: ¡hay que ir a desayunar! Y así, se pone fin al conflicto.

Estamos acostumbrados a comportarnos y a hacer lo que nos toca asociando cada actividad a una apetencia, que no tiene por qué ser mala, pero sí necesaria para empujarnos a hacer cualquier obligación o tarea.

¿Quién ha ido al Colegio por amor a aprender? ¿Quién ha pensado en amor cuando había que cargar muebles de un sitio a otro? Es comprensible que la respuesta sea negativa, aunque no es así cuando se pone de por medio el clásico de la liga o una cita romántica. La pasión y el amor forman parte de nosotros, nos mueve y condiciona. Pero, ¿también lo hacen para asistir a Misa? ¿Por qué buscar que así sea?

Iglesias desconchadas de juventud, parroquias con una media de edad que se acerca a la de jubilación…, esta es la triste realidad. Por eso, conviene saber qué implica verdaderamente asistir a Misa. Y es que, una vez conocido, ¿cómo puede ser posible no asistir a la renovación del sacrificio del Hijo de Dios, que hizo única y exclusivamente por amor a nosotros, a ti a mi los primeros?

No nos damos cuenta, pero ¡somos el motor del cambio! Y en nuestras manos está construir el mundo en el que queremos vivir, donde también hay hueco para amar a Dios. Si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará. Él creó todo esto por y para nosotros. Así que, ¿por qué no respondemos al Amor con más amor? Este “esfuerzo es de los que merecen la pena.