LA BUENA MENTIRA (THE GOOD LIE). Una historia sobre los niños perdidos del Sudán.

Inspirada en hechos reales,  la historia de “The good lie” está enmarcada en la Segunda Guerra Civil sudanesa. Mamere, Theo y Abital son hijos del jefe tribal de una aldea al sur de Sudán, que sobreviven junto con Paul y Jeremiah a la destrucción de su aldea y a la muerte de todos sus familiares, amigos y vecinos. Primero Theo se ve obligado a asumir el papel de jefe, y a sacrificarse para que los demás puedan vivir y seguir su camino hasta el campo de refugiados de Kenia, guiados ahora por Mamere. Un camino de más de 1600 kilómetros a pie, que no será nada fácil. En el campo de refugiados, los chicos pasarán 13 años, en los que conocerán a otros en su misma situación, y se empiezan a forjar sus personalidades y sus sueños. El grupo formado por Mamere, Abital, Paul y Jeremiah es elegido para empezar una nueva vida en EEUU, pero no resultará fácil mantenerse unidos, ni adaptarse a una civilización tan diferente.

Un drama apto para cualquier público, en el que, sin contar explícitamente los horrores de la guerra, consigue llegar a emocionar y conmocionar. Me gusta porque es una película que, al contrario que la mayoría de las que vemos sobre África, sobre la pobreza, las guerras y los refugiados, no pretende hacerte sentir mal, ni es excesivamente sentimentalista, y sin embargo consigue hacernos pensar y concienciarnos de una manera sencilla y concreta.

Es destacable el sentimiento de dignidad y fraternidad de los protagonistas desde que son niños y la superioridad moral que se muestra de los africanos, que se ven sostenidos por su fe cristiana en muchas ocasiones, así como la sencillez y la claridad con la que distinguen lo que está bien de lo que está mal. Todo ello en contraste con la sociedad americana (o más bien diríamos occidental), en la que, si bien nos preocupamos por el prójimo y en algunos casos tratamos de ayudar, vamos por la vida demasiado deprisa, lo que nos impide ver al individuo concreto entre la gente. Todo ello sin olvidar el ensalzable el esfuerzo social que, supone acoger a refugiados e integrarlos en la sociedad.