Nos regaló a su Madre – «Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre»

Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre

Jesús sigue sin pensar en Él mismo a pesar de todo lo que está sufriendo, y es que le falta aún el mejor de todos sus regalos a la humanidad: su madre, que es lo único que le queda al que ya nada tiene.

María, junto a un pequeño grupo de mujeres y el discípulo amado eran los únicos que no lo habían abandonado en aquel momento. Ella permanecía firme y con esperanza a los pies de su Hijo recordando con nostalgia todo lo vivido. Se quedaba sin Hijo, se le daba uno nuevo: toda la humanidad (representada en Juan).

Jesús, en ese momento de la Iglesia naciente reflejada en ese grupito, le da un papel importante a su Madre, y es que cuide de todos nosotros, pero también nos pide que cuidemos de ella.

María acepta de nuevo, acepta recibir a toda la humanidad, incluso a los que están asesinando a su Hijo, como hijos de su alma: una nueva anunciación que da a luz una nueva comunidad de hermanos.

Por eso, hoy os quiero proponer que cuidemos de ese regalo tan especial que Cristo nos hizo a la Iglesia -a su madre-, y comportémonos como buenos hermanos, siempre firmes en toda circunstancia, a la puerta del sepulcro vacío o a los pies de la cruz, dispuestos a recibir con fe y esperanza las palabras del Señor, y a besar sus pies clavados y ensangrentados por amor si hace falta, como hizo su Madre, nuestra Madre, antes de entregárnosla.

Antonio Guerrero