Entre el sol y la montaña un hombre muere por mi

A cuatro días para que comience la Semana Santa, aún no sé por qué la celebro. Me han propuesto tres sitios: ir a la playa y empezar con la sesión de tostado, ir a la montaña para aprovechar las últimas escamas de nieve o ir a Andalucía a vivir la Semana Santa.

Normalmente, los días festivos se celebran porque es la Constitución, porque es algún santo o por la fiesta de la CC.AA. en que vivimos. Si la fiesta cae en martes o jueves se alarga con esos puentes que tanto nos dan la vida cortando con la rutina del colegio, la universidad o el trabajo. Pero… ¿una semana entera? ¿Que hay que celebrar para que dure tanto? ¿Por qué es tan Santa la semana?

La mayoría de nosotros la aprovecharemos para hacer un viaje, descansar o empezar a desnudarnos para el verano. Pero, ¿te has planteado vivir de verdad la fiesta que se celebra y por la que tenemos esa semana de ‘vacaciones’?

En Semana Santa, Jesús, el hijo de Dios, muere por tu abuela, por tus padres, por tus amigos, por ti y por el mundo entero. Y nosotros, mientras tanto, nos centramos en el esquí o en el embellecimiento con rayos de sol. Y ojo, que esto no es malo, pero, aunque estés tumbado en la fina arena… ¿eres consciente de que el Señor está padeciendo, muriendo y resucitando también por ti?

¿Sabes cuál es la diferencia entre saber que tu abuelito que falleció el año pasado esté en el Cielo o el no saber dónde está? La diferencia es la Semana Santa. Ahí está la respuesta. Sin la muerte en la Cruz de Jesús tus abuelos, padres, amigos y ni si quiera tú, podrían y podrías subir al Cielo jamás. La diferencia sólo está en la vida eterna, en unos clavos en las piernas y en las manos, y una lanza en el costado.

¿Os imagináis celebrar el cumpleaños de vuestro padre sin él, una boda sin los novios o el día de tu graduación sin ti? ¿Por qué celebras entonces la Semana Santa?, o mejor dicho, ¿cómo la celebras? Lo importante no es el sitio, sino el cómo, aunque las circunstancias ayuden o dificulten esa vivencia.