Francisco, ¿el Papa amigo de Lutero?

Es curioso, han corrido ríos de tinta por las declaraciones del Papa Francisco sobre Lutero antes de su viaje a Suecia, pero el Papa solamente habló de Lutero en una pregunta de toda una entrevista. ¿Alguien se habrá parado a leer toda la entrevista? ¿Los que han machacado a Francisco sabrán, acaso, al hilo de qué venían esas declaraciones?

Si uno relee con calma lo que el Papa dijo -sin dejarse llevar por titulares pseudoperiodísticos- verá que no hay ni trampa, ni cartón -¡ni polémica!- en sus palabras. Afirmó que Lutero quería poner remedio a una situación complicada, ¿incierto? ¡No! Si uno repasa la historia de la Iglesia del s. XVI y no le entran ganas de llorar es que es un fortachón. Fiestas, nepotismos, Papas volcados en las cosas del mundo y no en las de Dios, enfrentamientos… Vaya, el caldo de cultivo maravilloso para que cualquier avispado quiera meter mano y ganar territorio. ¿Qué quiso Lutero? Cambiar eso. ¿Acertó? No. ¿Usó las mejores medidas? No. ¿El resultado fue bueno para la Iglesia? En absoluto, la división nunca es buena. ¿Hizo bien atacando dogmas de la Iglesia? No. Pero quizás 500 años después sea momento de empezar a curar heridas y a estrechar lazos. Nada nuevo, por cierto, es una de las bases del Concilio Vaticano II, en el que participaron consultores protestantes y ortodoxos.

¿Acaso ha sido esto una idea de Francisco? ¡En absoluto! En 2013 la Comisión Luterano-Católica Romana declaró también que la intención de Lutero no fue dividir, sino reformar. Además, Benedicto XVI afirmó que el pensamiento de Lutero y toda su espiritualidad eran totalmente cristocéntricos.

Por tanto… ¿el Papa, amigo de Lutero? No. El Papa -y la Iglesia- amiga de la comunión y contraria a la división. ¿Y ahora qué? Rezar para que -como decía Pablo a los Corintios- no haya entre nosotros divisiones, sino que estemos perfectamente unidos en una misma mente y un mismo sentir.