Francisco, ¿el gran reformador?

Hace unos días terminaba la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos y en mi interior sonaba con dolor una pregunta: ¿Señor, cómo nos vamos a unir a otros cristianos si ni siquiera los católicos estamos unidos? Y no, no estamos unidos. Hay muchas razones, pero la que impera últimamente es el Papa Francisco y sus ansias de reforma en el seno de la Iglesia.

Recuerdo como si fuera ayer mismo el día de la elección de Francisco, era miércoles, de noche, estaba en la facultad en una clase de latín, tentada de irme a casa a verlo por la tele, decidí quedarme en clase y echar un vistazo al móvil de vez en cuando; el profesor y yo habíamos hecho un pacto (bueno, pensándolo bien, más imposición que pacto): Cuando salga al balcón, nos avisas de quién es, mientras tanto, estate calladita. Así fue. ¡Es jesuita! -grité entusiasmada-, mi profesor, ateo convencido y orgulloso, me dijo: ¡No me lo creo! Madre mía, ¡cómo cambia la Iglesia! Yo en ese momento no entendí nada de lo que ese profesor me decía, pero casi cuatro años después puedo afirmar que tenía razón y gritar con él ¡Madre mía, cómo cambia la Iglesia (cuando vive desde la misericordia y la acogida)!

Chascarrillos aparte… Hay días en los que una abre las redes sociales y ve titulares de periódicos o webs supuestamente católicas (porque a las que se confiesan abiertamente ateas no tenemos incoherencias que reprocharles) que se dedican a buscarle la puntilla a todos sus mensajes, discursos, homilías, encíclicas… Y al final, esos titulares se convierten en lo único que muchos leen sobre las palabras del Pontífice, y claro, con palabras tergiversadas, le ponen a caldo.

Los jóvenes nunca hemos tenido problema en gritarle a cualquier Papa que éramos su juventud, independientemente de su manera de hablar, de sus ideas…, independientemente de todo, menos de que nos acercase a Jesucristo, cosa que, hasta ahora, nunca un Papa ha dejado de hacer, porque el Espíritu Santo da a la Iglesia en cada momento lo que necesita. Por eso, desde Jóvenes Católicos, vamos a dedicar los próximos posts a hablar de los titulares más polémicos de Francisco, a tratarlos con una mirada profunda y que va más allá del mero titular. Intentaremos buscar cuál es el fin último de las palabras del Santo Padre y cuál es la vivencia que se esconde detrás de todo eso.

Hago mías las palabras de Pablo a los Corintios: «Andáis divididos diciendo: ‘yo soy de Pablo’, ‘yo soy de Apolo’, ‘yo soy de Pedro’, ‘yo soy de Cristo’. ¿Está dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros?» Y podemos decir con Pablo: «Andáis divididos diciendo ‘yo soy de Juan Pablo II’, ‘yo soy de Benedicto’, ‘yo soy de Francisco’, ‘yo soy de Cristo’. ¿Está dividido Cristo? ¿Ha muerto alguien en la cruz por vosotros que no haya sido Cristo?»

Te invito a rezar por la Iglesia y por el Santo Padre, para que, siendo dócil al Espíritu Santo, haga en cada momento la voluntad de Dios.