No enarboles la bandera equivocada

Hoy la liturgia de la Iglesia celebra una fiesta no muy conocida por muchos de los cristianos: el nombre de Jesús. Fiesta que el Papa Clemente VII concedió a los Franciscanos que la celebraran por primera vez el Oficio en 1530.

Pero salvando esta pequeña anécdota, en el oficio de lecturas de hoy leemos una obra una de San Bernardino de Siena que dice palabras verdaderamente bellas sobre el Santísimo Nombre de Jesús: no pienses un nombre de poder…sino de salvación; su nombre es misericordia, es perdón.

Estas palabras del santo de la Toscana nos llevan a preguntarnos si el nombre de Jesús me sirve para unir o por el contrario es fuente de conflicto. Es verdad que le mismo Jesús nos alerta cuando dice que por su causa el hijo se enfrentara contra su padre y la hija contra su madre. Pero también es más cierto que en ocasiones enarbolamos la bandera de Jesucristo para provocar más de un enfrentamiento entre los nuestros. Expresiones como: es que el catecismo dice, en la Sagrada Escritura aparece…en ocasiones más que ayudar lo que provocan es rechazo.

Jesús en muchas ocasiones actúa con palabras duras pero son más las ocasiones, como vemos estos días, en las que sus palabras amables, su mirada tierna conmueven a los pastores, a los Reyes Magos, a la pobre tinajera, y a todos aquellos que se acercan al Portal de Belen. De todos modos, no hay más que recordar aquel momento dramático cuando Jesús se encuentra con Judas y le dice: con un beso vienes a entregar al hijo del hombre.

Por consiguiente muchas veces habrá que ir con palabras fuertes pero otras veces con simpatía, con una sonrisa en los labios y con amabilidad habrá que buscar puntos de unión más que de separación y hay una palabra que siempre une: Jesús.