La muerte, puerta de esperanza.

Hace un par de domingos abrí las redes sociales y me encontré con un hashtag que decía algo así como #LaBuenaMuerte, curiosa de mí, me metí y pude ver que tenía que ver con un famoso programa de una famosa cadena española que tenía ese título. Encendí la tele, lo puse y me encontré a unas cuantas personas hablando sobre la eutanasia, decidí verlo porque, sinceramente, me gusta ver las razones por las que otras personas piensan diferente a mí. Terminó el programa y fui incapaz de entender ni una de sus razones y el «no quiero vivir», que había escuchado un par de veces, me descuadraba totalmente.

¿Quiénes seremos nosotros para quitarnos del medio? -pensaba- y en ese momento me acordaba de mi abuela -probablemente tú pienses ahora en alguno de tus familiares o amigos- que murió después de 13 años con la dura enfermedad de Alzheimer, me daban escalofríos cada vez que imaginaba que alguien podía haber decidido dar fin a su vida antes de que Dios quisiera llevarla de este mundo al Padre, que todos a su alrededor no pudiéramos haber aprendido tanto como aprendimos con ella cuando ni siquiera nos hablaba, ni era consciente de lo quiénes éramos. Ahora sé que ella está junto al Padre, que permitió que con su enfermedad muchos aprendiéramos y viviéramos una plenitud en familia, en comunión y, sobre todo, con esperanza de que su enfermedad y su partida fueran una gracia que en algún momento se entendería.

Acaba de empezar noviembre, muchos acaban de celebrar Halloween para darle la bienvenida, como decía un compañero el año pasado Halloween se nos queda corto (http://givenfaith.com/2015/10/29/halloween-se-nos-queda-corto/). La oscuridad, la muerte arrasadora, los zombis, las telas de araña… ¡Todo eso se nos queda corto! Sabemos que tantos como nos precedieron y nuestro Padre están en el Cielo abriendo camino e intercediendo por nosotros, que la muerte no ha tenido la última palabra después de que Jesús aceptara subirse a una cruz por ti, por mí y por tantos que no creen en Él. Necesitamos celebrar la luz, la esperanza, la cruz como fuente de vida inagotable, ¿por qué no mejor Hollywins, por qué no mejor abrazar la vida hasta el último aliento, hasta que Dios decida? Celebremos lo sagrado, lo santo, lo bueno, la luz…, lo que realmente Vence: ¡la Resurrección!