¿Hacia dónde camino en mi vida?

    Irene Infante nos plantea hacia dónde encaminamos nuestra vida, ¿vale la pena? Encuéntrale sentido en el camino de Santigo.

    ¿Alguna vez nos preguntamos qué hay detrás de la decisión de emprender una nueva aventura? (pongamos que hablo del Camino de Santiago, que hoy está muy de moda). ¿Ganas de riesgo? ¿De superarnos a nosotros mismos?
    A menudo nos sucede que, cuando nos lanzamos a comenzar una peregrinación, no sabemos muy bien el motivo que nos lleva a ello. Simplemente alguien nos lo plantea, y nosotros nos unimos a un bombardeo. Pero antes de nada… ¿Peregrinación? ¿Eso qué eh lo que eh? La definición más o menos exacta indicaría que se peregrina cuando se viaja hacia un lugar sagrado, y en el camino uno se encuentra a sí mismo y a Aquel a quien busca, siempre y cuando tenga los ojos y oídos bien abiertos.
    Pero en un mundo en el que las nuevas experiencias y el espíritu selfie-avencaptura-de-pantalla-2016-10-07-a-las-9-29-26turero campan a sus anchas, donde la vida se cuenta en base a las fotos que subimos a las redes sociales y no se nos invita a reflexionar en torno a por qué hacemos lo que hacemos, el plantearse uno de los caminos más transitados de nuestro país desde un punto de eminentemente religioso, choca (cuanto menos). Se hace por hobby, por entretenimiento, y no se plantea el sentido último del caminar.

    ¿Y por qué ocurre esto? Porque no pega, queda raro, es aburrido o, simplemente, no entra
    dentro de nuestros planes. Pero, como siempre, lo malo de los romances de verano es que
    terminan en octubre, y lo malo de la vida monótona  llevamos, es que al final del día, ya
    tumbados en nuestra cama, nos preguntamos…¿y esto es vivir?

    Hay quien dice que el Camino de Santiago es reflejo de la vida. Y creo que esta afirmación es cierta. En el camino no andamos por andar, sin saber a dónde llegaremos. La meta de nuestro caminar es Santiago, la tumba del apóstol. Y de una manera práctica, la meta diaria es el albergue de la etapa siguiente.

    Durante nuestro camino, mientras sufrimos las ampollas y los dolores musculares, el utilizar bastones para avanzar se nos revela como fundamental, ya que el salir de uno mismo, de la zona de confort, a veces cuesta. Y duele, física y emocionalmente. Y en nuestra vida sucede igual. O nos planteamos en qué y sobre quién nos apoyamos y hacia dónde caminamos, o veremos la vida pasar ante nuestros ojos sin ser consciente de que yo soy el protagonista, y elijo en qué gastar mi vida.

    Y tú, ¿en qué gastas la tuya?