Vuelta a la uni

    Hace poco me leyeron la carta de agradecimiento que envió un exalumno a la Universidad donde estudio. Me impresionó lo que decía, le había entristecido llegar a septiembre y no tener que volver a las clases. En estos momentos, quizá a muchos nos pasa al revés, querríamos seguir de vacaciones unos meses más…

    Sin embargo, a medida que nos acercamos al primer día de universidad se van despertando en nosotros nuevas ideas, ilusiones, planes o proyectos para este curso. Esto será lo que nos empiece a motivar, aquello que nos haga querer seguir con nuestro proyecto de vida, que quizá habíamos aparcado un poco en verano. El estudiante de medicina vuelve a soñar con el hospital, el de derecho con los tribunales…

    Ahora bien, no nos quedemos cortos. La Universidad nos forma como buenos profesionales, pero también es algo mucho más grande. Realmente, impacta ver a tantos jóvenes distintos juntándose en las mismas aulas para aprender. Y justamente, es esta diversidad lo que suscita preguntas, diálogos y discusiones sobre mil temas. Esto genera en la Universidad un ambiente de búsqueda, de querer comprender a los demás y de entenderse más a uno mismo; en definitiva, se palpa el anhelo de Verdad.

    Los cristianos sabemos por la Fe que Dios es la Verdad. Por eso, ¿qué mejor ambiente que el universitario para buscar a Dios? Tenemos que aprovechar para preguntárnoslo todo, cada compañero de clase nos puede acercar a Dios desde una perspectiva distinta, y a la vez nosotros contagiarle las ganas de encontrarle.

    Fijaros en el exalumno que escribió la carta, aun siendo ya profesional –habiendo logrado su objetivo universitario– echa de menos la Universidad… porque quizá para él no era solo un medio para llegar hasta donde está, sino también un espacio para conviviendo y enriqueciéndose con sus compañeros descubrir a Dios, que es la Verdad.