«Y una no puede resistir…”

     

    ¿Quién dijo que ser monja era fácil? ¿Qué no había que renunciar a nada? No, no son extraterrestres, y pueden vivir sin whatsapp y sin entrar a Bimba&Lola.

    SOR JUSTINA, CLARISA DE ALCAUDETE (Jaén)

    Quiero compartir con vosotros mi historia vocacional. Al principio es Dios el que llama, llama primero y promueve en la historia personal, de cada uno, una historia permanente de salvación.

    Nací en una familia de Kenia, profundamente cristiana, desde mi niñez me enseñaron a amar a Dios y a crecer en una vida de piedad, también de paz, de bien y de unidad en la familia. Antes de hacer mi Primera Comunión, mi abuela me llevaba todos los domingos a la iglesia y me enseñaba a rezar las oraciones cristianas. A los nueve años hice mi Primera Comunión y decidí ser monaguilla en mi parroquia para siempre. En mi inocencia infantil yo creía que ser monaguilla y ser monja era lo mismo, porque los vestidos me parecían iguales. Seguí creciendo en la vida cristiana, profundizando en el Evangelio y en la oración. Participaba en el coro de mi parroquia, tocando los timbales, para nosotros la música es muy importante a la hora de alabar a Dios. Siendo monaguilla con once o doce años, yo sentía que el Señor me pedía algo más que esto, no era suficiente para Él. Y desde entonces en mis estudios permanecía más fiel ante el Señor, como María. Como cristianos no nos damos cuenta que a veces Jesús nos llama, nos invita a seguirle, y no percibimos que es Él quien nos invita a seguir sus huellas, entregándonos a Él para siempre, justo como le pasó al joven Samuel.

    A los veintiún años, después de acabar mis estudios, empecé a trabajar en el campo para ganar algo, porque éramos muy pobres. En ese periodo seguí sintiendo la llamada del Señor. Después de un poco tiempo por medio de las monjas agustinas llegué a conocer las monjas clarisas de vida contemplativa y comprendí que esto era lo que el Señor quería para mí, desde entonces nunca he dudado en mi vocación. Me invitaron a venir a ser religiosa a España, porque aquí decían había falta de vocaciones  y vi la clara llamada de Dios. Aunque me costó dejar a mi familia y amigos, el amor del Señor es más fuerte y una no puede resistir. El Señor no me llamó porque yo fuera mas buena, no, el Señor llama a todos como somos, según sus designios, porque yo era como cualquier niño.

    Aquí me encuentro muy alegre, feliz y contenta al comenzar esta nueva etapa de mis votos temporales y animo a otros jóvenes a formar parte de nuestra familia franciscana y a seguir nuestros pasos en esta obra que a través de nuestros Padres San Francisco y Santa Clara ha inspirado el Espíritu Santo, puedo decir que a mí la vida de nuestra Madre Santa Clara me llena de felicidad. Todos buscamos la felicidad y Dios la quiere para nosotros.

    “El Señor nos puso a nosotras como modelo, ejemplo y espejo para los demás” Sta. Clara.

    A lo mejor algunos jóvenes se pueden preguntar qué es la Vida Consagrada. La Vida Consagrada es consagrarse totalmente a Dios,  es una entrega de sí mismo, es una alianza de mutuo amor con Dios en fidelidad, y de ahí nace la alegría de la persona consagrada y la salvación del mundo. Se hace por medio de tres votos (promesas o compromisos): pobreza, castidad y obediencia y nosotras, las contemplativas, además otro: clausura.

    Estando en la Vida Consagrada se vive como Cristo Jesús vivió el Evangelio, a esto nos ayudan los votos. La Vida Consagrada sólo tiene sentido en la Iglesia, desde la Iglesia y para la Iglesia, porque es un don divino.  Somos testigos de que Dios merece ser buscado, amado y adorado por sus propios méritos y no por los  dones o beneficios que hemos recibido o se esperan recibir por la fe y el amor.

    Quizá muchos jóvenes sientan la llamada del Espíritu y no encuentran una institución que responda del todo a sus anhelos interiores, pero es posible también que en nuestra forma de vida evangélica encuentren la realización de sus aspiraciones y algunos quieran ser religiosos.