¿Por qué estoy triste?

Cuando Jesús entró en Jerusalén fue recibido con Alegría. “¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto” (Lc, 19,38).

Jesús ha despertado muchas esperanzas, sobre todo entre la gente simple, pobre y olvidada, esa que no existe para los ojos del mundo. Él comprende las miserias humanas, muestra el rostro de la misericordia de Dios y cura el cuerpo y el alma. Así es Jesús, con un corazón atento a todos, que ve nuestras debilidades y pecados. Su amor es grande.

En la Misa expresamos la alegría de acompañar al Señor, de saber que es cercano, que está presente y en medio de nosotros como un amigo, como un hermano, pero también como un Rey, como algo principal en nuestra vida. Jesús el Señor, es Dios, pero camina entre nosotros.Captura de pantalla 2015-11-19 a las 22.27.28

Tenemos que estar alegres. No podemos ser nunca hombres ni mujeres tristes porque un cristiano jamás puede serlo. Tenemos que vivir en la Alegría y no dejarnos vencer por el desanimo.

Nuestra Alegría es una Alegría plena, ya que no nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, la persona más importante de nuestra vida: Jesús, el Señor. Es una Alegría que nace del saber que no estamos solos, incluso en los momentos difíciles y cuando la vida se tropiece con problemas y obstáculos que parezcan insuperables, ¡que tantos hay! Y es ahí, cuando viene el enemigo, que a veces se disfraza de Ángel, pero sabemos que es Diablo. No le escuchemos y sigamos a Jesús.

Nosotros acompañamos a Jesús, pero lo más importante de todo, es que él nos acompaña. En esto reside nuestra Alegría, que es nuestra esperanza. Y no podemos perderla nunca porque Jesús es quien nos la regala, no perdamos nunca, nuestra esperanza.