La fuerza inesperada de un SÍ

Todos agradecemos que ya no haya anuncios en Televisión Española. A parte de que cortaban las películas justo en los momentos más emocionantes, casi todos son iguales y lo único que buscan es lo que escondemos en el monedero…

Sin embargo, sí que nos interesa lo que nos puedan ofrecer nuestros amigos. Por ejemplo, si nos invitan a su casa, de excursión o a una fiesta. Al conocer la propuesta aceptamos, o no, según los motivos o preferencias que tengamos. Aunque la elección no siempre depende de nosotros.

Hay veces, por ejemplo, que cuando un buen amigo nos propone un plan, aunque no nos apetezca mucho aceptamos. A veces para complacerle y otras porque, simplemente, confiamos en él.

Y a partir de ahí alea jacta est, la suerte está echada. Una de dos: o el plan, como lo pintaba nuestro amigo, está muy bien, o es un rollo. Pero sin embargo… se me ocurre otra opción: ¿podría ser que, a pesar de que nuestro amigo nos haya contado las mil maravillas de su plan, éste resulte ser incluso mucho mejor de lo esperado?

Pues bien: ¿cuántas veces nos ha invitado un amigo, un sacerdote o alguien de confianza a seguir a Cristo? Os habrán dicho que es lo mejor que nos puede pasar, la clave de nuestra felicidad… y que de tu sí dependen muchas cosas grandes.

Realmente, no son esas personas las que por voluntad propia te invitan a hacer cosas grandes en tu vida, sino que es Dios mismo quién se sirve de ellas para llamarnos. Para Él, la idea de “lo mejor” que otros podrían pensar es algo mucho más gigante, ¡todos los argumentos de antes se multiplican por infinito en la mente de Dios!

Si hacemos caso a esas personas, si confiamos en ellas y nos lanzamos diciendo sí a la pequeña y humana idea que tengamos de Dios, nuestro acto de voluntad, nuestro sí generoso, sincero, comprometido y confiado… ¡se dirige a DIOS MISMO! Y a Él, que nos ha prometido el ciento por uno… le damos la «excusa» para empezar a volcarse con nosotros.

Esta es la verdadera fuerza del SÍ de la vocación. Y ahora que ya eres consciente, ¡utilízala!