¡No tengas miedo de decirle que sí!

Hoy nos toca hablar de vocación… ¡bueno, no nos asustemos! La primera reacción cuando se oye la palabra “vocación” es la de “ya me van a soltar la típica chapa de siempre…” y automáticamente uno coge el ratón, pincha en la equis y cierra la pestaña.

Amigo, te propongo que aguantes, que leas por lo menos el párrafo siguiente y si no te convence te invito a que lleves la mano al ratón y te olvides.

jmj-2011-madrid-cuatro-vientos-001                                                 

Lo primero es decirte que tú, ¡Sí tú!, tienes Vocación. Quizás ésto te parezca raro y pienses que no tengo ni idea de ti, que voy en plan de listillo por la vida y dando lecciones a la gente, que no te conozco y un largo etcétera. De acuerdo, ¡no te lo voy a negar! No tengo ni idea de ti, quizás puedo ir de listillo por la vida a veces y tampoco te conozco personalmente; pero una cosa en la que no me equivoco es que tú tienes Vocación. La clave está en entender que es la Vocación, pero esto te lo voy a explicar o, por lo menos lo voy a intentar, en el siguiente párrafo y para cumplir con lo dicho, ¡está en tu mano el seguir leyendo o dejarlo y pasar a otra cosa!

La Vocación no es una cosa rara, una luz o revelación mística de Dios que reciben únicamente los curas y las monjas. La vocación es universal. Todos tenemos vocación y de primeras te digo que es una vocación a la santidad, una vocación a ser santos, una llamada a poner a Cristo como modelo de nuestra vida e imitarle en todo lo imitable. Esto nos lo recuerda el Catecismo cuando dice: ‘Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad’ (LG 40). Todos son llamados a la santidad: ‘Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto’ (Mt 5, 48). Este llamamiento universal a la santidad se particulariza en cada una de las distintas vocaciones ya sea la vida matrimonial, el sacerdocio, los laicos que desarrollan una especial labor dentro de la Iglesia o la vida consagrada de los religiosos.

La gran pregunta que seguro que te has planteado es “¿cual es mi vocación?” y lo primero que te respondo es que tu vocación es ser santo. Lo segundo que te puedo decir es que el lugar o vocación concreta donde esta tu santificación la debes encontrar tú y pedirle a Dios que te ayude saber y descubrir el lugar donde Él te quiere. Tú estas llamado a ser santo y cuando descubras el lugar donde debes serlo ¡No tengas miedo de decirle que Sí! ¡Un Sí grande y entregado! Sea lo que sea… Tú dile que sí a Dios, porque una cosa que te puedo decir con total certeza y franqueza es que cuando le dices Sí a Él: entonces todo cambia y uno se llena de una alegría y felicidad que ninguna otra cosa podrá darle.