Noviembre

C64Paseando por el hayedo de Montejo de la Sierra, caminando entre las hojas caídas por la llegada de los fríos del otoño, recordé aquellas palabras de la Santa de Ávila: Vi almas que caían al Infierno como hojas que caen en el otoño. Pensé, entonces en otras palabras de San Josemaria: ¿Has visto, en una tarde triste de otoño, caer las hojas muertas? Así caen cada día las almas en la eternidad: un día, la hoja caída serás tú.

La verdad es que si continuaba con esas consideraciones, mientras paseaba por el paisaje de ensueño, iba a caer en una profunda depresión y entonces me pregunte ¿Que es lo que quería que consideráramos esos dos santos que fueron alegres, optimistas y positivos con esas afirmaciones?; comprendí que lo que querían eran que consideráramos la realidad de nuestro fin terreno y tuviéramos una enorme esperanza en el futuro.

Pero para poder tener esperanza en el futuro debo comportarme de tal modo que alcance aquello que se ha denominado: santidad; y buscando entre el cajón de mi memoria una definición de santidad recordé que en una ocasión una madre de mi colegio me contó que una vez le preguntó a un hijo suyo: para ti, hijo mió ¿Qué es la santidad?, y el niño respondió con sencillez: mama, la santidad, no es otra cosa que nunca llegar a decirle a Jesús: Señor, ya está bien.

Termine mi paseo renovando el propósito de rezar en este mes de Noviembre por las almas de los difuntos, de pedir por mi Santidad y de no decirle al Señor que ya esta bien sino que si quiere estoy aquí para lo que El quiera, con la seguridad de que así alcanzaré la meta definitiva si miro de enfrente a la muerte como una puerta que me lleva a la felicidad eterna.

Por eso antes de terminar quiero que te preguntes: ¿Cómo miras a la puerta de la vida eterna?, ¿Con esperanza?, ¿Te preparas para ese encuentro o lo tienes aparcado porque piensas que falta por llegar?; noviembre nos invita a meditar sobre la vida eterna y nosotros no queremos perder la oportunidad de considerar que vamos a ser felices para siempre.