¡No seas un joven jubilado!

Nunca antes había escuchado esta frase. Joven jubilado me recuerda mucho a otras parecidas como «ser un triste» o un «zombie», esta última de mi amigo Carlos Andreu. Cualquiera de las tres hacen referencia a personas que han perdido la esperanza y con ella cualquier motivo por el que luchar. Suelen ser personas que se levantan con la única intención de pasar el día de la forma más rápida posible para acostarse de nuevo, porque lo que hacen no les llena, porque seguramente carecen de amigos y nada da sentido a su existir. Y este tema es aun peor porque no solo viven amargados… sino que amargan a cualquiera que pasa a su lado. Y, cual «pescadilla que se muerde la cola», la gente huye de ellos y ellos se vuelven más tristes y solitarios.

La frase que titula esta entrada es del Papa Francisco, de su discurso a los jóvenes de Cuba. Y hoy, nos va a servir de guía para luchar por cambiar a esas personas que arriba describía. Nosotros, que queremos cambiar el mundo, no vamos a huir de ellos sino sólo a tener cuidado de que no nos cambien a nosotros.

list_640px¿Por qué hemos llegado a esto? Decía el Papa que porque nos hallamos ante la cultura del descarte, una cultura en la que manda el dios dinero y se descarta todo lo demás,  incluidas las personas: «a los chicos no se los quiere o se los mata antes de nacer; a los ancianos, porque ya no producen, se les mata de forma legal o encubierta; a los jóvenes se les descarta negándoles la posibilidad de trabajar». 

¿Y como lo vamos a hacer? ¿Cual es la enseñanza de hoy? La de la TOLERANCIA, la del saber acoger y aceptar al que piensa distinto, porque a veces nos cerramos y nos metemos en nuestro mundillo: «la gente tiene que ser como yo quiero que sea». La pregunta que te lanzo para que reflexiones es: ¿y por qué cerrarse en aquello que nos separa en vez de darnos la mano en lo que tenemos en común? Pensadlo, porque toda esa gente que ha perdido la esperanza, que no tiene nada por lo que luchar cada día, necesita más que nadie de nuestra ayuda y por caridad y justicia… ¡no podemos negársela!