Vale, reconozco que no es fácil…

recogimientoA día de hoy no sé si las ideas que te hemos ido dando desde Silence para hacer oración te han servido de ayuda. Esto de hacer oración no es nada fácil. Lo sé. Parece fácil… pero no lo es. Por eso, vamos a ver si hoy arrojamos algo más de luz al asunto.

Muchas veces acudimos a hacer la oración acelerados, por cumplir, deseando acabarla para hacer otras cosas. Hay días que llevamos la cabeza llena de pájaros, fantasías o vamos con sueño, como nos pasa a la mayoría de mi colegio mayor a las 7 de la mañana. Leemos un libro que a parte de no decirnos nada nos adormece más. Miramos al Sagrario y no sentimos nada. Decimos palabras por dentro sin saber ni a quien nos estamos dirigiendo. ¿Puede ser que esto te haya pasado alguna vez?

A mi sí, y por eso hoy quería proponer un cambio de técnica, que consiste en que si queremos hablar con Dios, lo primero que vamos a procurar es escucharle a Él, no a nosotros y al rollo que llevamos dentro de la cabeza. Porque a veces, como decía arriba, nos ocurre que tenemos más afán por hacer saber a Dios lo que queremos que por conocer lo que quiere Él de nosotros.

A la oración vamos ante todo a estar con el Señor, y ese debe ser nuestro punto de partida. La oración es un diálogo en el que también hay escucha, un hablar de tú a Tú, como se habla con el mejor amigo o amiga al salir de clase. A la oración no vamos para hablar con la imaginación porque Jesús no es un personaje de hace dos mil años sino que Cristo vive hoy, y nos está esperando en un Sagrario y en el fondo de nuestra alma para hablar con nostros. ¡Eso es la oración!

Por concretar un poco, si te parece bien, en adelante cuando nos pongamos en Su presencia, vamos a intentar ser muy conscientes de donde y con quien estamos, de a que hemos acudido al oratorio, capilla o iglesia. Parar, recogernos, sosegarnos… son los primeros pasos a dar. Y tras ello, escuchar lo que Él quiere decirnos.

¿Por qué no te animas a probar esta nueva técnica hoy mismo? ¡Verás que sorpresa te llevas!