Verano, ¿tiempo de desconexión?

Supongo que la respuesta a la pregunta es, evidentemente, un sí rotundo. A todos nos apetece desconectar de las clases, del trabajo, de la ciudad o el pueblo en el que pasamos más de 300 días al año. El verano y el sofá todos sabemos que son íntimos amigos; y quien dice el sofá, dice la toalla, el balón, las barbacoas, los amigos, los libros, los días largos sin hacer nada, simplemente “desconectando”. Y, sí, desconectar, en cierta medida, está muy bien –y es más que probable que lo tengamos muy merecido–, pero el verano de un joven católico no puede terminar ahí.

Es tiempo de que la gente del grupo de la parroquia, de tu movimiento, de la pastoral, de tu cofradía, etc. se vaya de vacaciones, cada uno en un momento, los grupos se disgregan un poco hasta septiembre, y todos sabemos que eso es duro. Parece que suene a tópico, pero aunque sea verano, Dios sigue ahí y la gente nos sigue necesitando. Es un momento idóneo para darse, tenemos más tiempo, más ganas, no hay exámenes, ni trabajos, los días son más largos y estamos más descansados. Nuestras manos y nuestras sonrisas serán bienvenidas en cualquier lugar donde las prestemos. María, después de la Visitación, pasaría todo el verano sirviendo y acompañando a su prima Isabel en su embarazo, aunque ella también estaba embarazada, no dudó en ayudarla. ¿Acaso podemos vivir sin mirar e imitar a la Virgen?

Todos tenemos algo muy valioso: el tiempo, y no hay mejor manera de utilizarlo que poniéndolo al servicio de los demás.

Es tiempo de dejar a un lado la ociosidad y de servir a nuestra familia a nuestros amigos, de ir a visitar a los abuelos o ayudar a quien nos necesite. Pero también es tiempo de no dejar de lado nuestra vida interior, porque, aunque parezca paradójico, el calor del verano, enfría el corazón; tenemos que cuidar la oración, los sacramentos y la Misa, y sacar tiempo para ello allí donde estemos, porque en ese lugar, Dios nos espera.

¿Te apuntas a vivir un verano pleno sirviendo a quien lo necesite? ¡Disfruta de las vacaciones, pero sin olvidar lo esencial: Dios y los demás!