“Yo es que no sé hacer oración…”

Santa Teresa decía que: no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama (Vida 8, 5). Y por mi experiencia puedo decir que esas palabras, cinco siglos después, siguen muy vigentes. No podemos querer a quien no conocemos, no podemos mantener una amistad con alguien con quien nunca hemos hablado; es cierto que vemos a Dios en los otros, en la naturaleza, en las circunstancias, sí, pero también tenemos que tener en cuenta que Dios no solo está sentado en su súper sillón, desde un mundo paralelo, mueve fichas o nos concede favores, sino que es una persona. Jesús pisó el mismo suelo que nosotros, con él podemos hablar pero, sobre todo, nos habla.

Silencio y confianza, esas son las claves para hacer oración. En el silencio Dios te espera, ahí Él mismo te habla. ¿Confianza? Sí, confianza para dejar en su corazón tus problemas y tus preocupaciones, tus alegrías y tus bajones, o a todas las personas que llevas en tu corazón. Quizás nos parezca una imagen muy infantil la del Jesús-mejor amigo, pero no lo es, si la tenemos presente no olvidaremos nunca que en Él y solo en Él encontraremos el camino y el descanso.

A veces nos creemos egoístas por pedir a Dios en la oración, incluso puede darnos un poco de reparo; no obstante, esta relación no puede basarse solamente en pedir,  aunque también forma parte de ella. Quizá no veamos frutos, puede que a veces nuestras peticiones no se vean cumplidas, pero hay que tener paciencia, no hay que desesperar, pues Jesús siempre nos va a responder, solo hay que saber escuchar. Él mismo nos dijo Pedid y se os dará […], porque todo el que pide, recibe (Mt 7, 7).

Es en la oración donde vas a ser tú mismo, en el único sitio donde no puedes ponerte una careta o intentar hacer ver al otro interlocutor lo que no eres, porque Dios te conoce, conoce tus deseos más profundos. Por eso es bueno que te presentes en la oración con humildad, a veces no sentiremos nada, pensaremos que Dios está con los cascos puestos escuchando música mientras nosotros le hablamos, pero NO, ahí sigue, a nuestro lado, solamente tenemos que pedir al Espíritu Santo que sople más fuerte en ese rato, que ilumine nuestra vida para escuchar con atención lo que Dios nos quiere decir, que se callen nuestros pensamientos, que todas nuestras preocupaciones queden en ese rato de oración en el Corazón de Jesús, y así, descansemos.

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