Mirando al cielo

Una vez, cuando andaba encorvado, con la mirada apagada y mirando al suelo me dijeron: “Recuerda, es mejor estar mirando siempre a las estrellas, te harán levantar la cabeza y te iluminarán la mirada”.

Como este domingo nos recordaba la Palabra de Dios, Jesús ha ascendido con su Padre a los cielos. Tal vez nosotros, como los apóstoles, estemos siempre mirando al cielo, confusos, esperando algo. Pero Jesús no se fue a otro lugar, entró en la plenitud para poder estar en casa. ¿Y cuál es esa casa? El corazón de cada persona que le ama, la eucaristía, los sacramentos, la Iglesia, todas sus criaturas…

Por eso Él es esa estrella a la que debemos mirar cada día, esa estrella que nos de fuerza en todo momento para seguir adelante, ese astro que nos ilumine la mirada para reflejarlo en todos partes, a todas las personas.

Que nos levantemos cada mañana y nos acordemos de Él. Que tengamos la disposición de querer encontrar a Dios en cada situación, en cada experiencia, en cada detalle. Y es que como decía san Ignacio de Antioquía, “hay solo una cosa importante en la vida, que es haber encontrado a Cristo para la verdadera vida“.

Esa es la fe cristiana, un encuentro con una persona, un encuentro con Jesús que da sentido a todo y te hace crecer para descubrirlo cada vez en más sitios, en más momentos, en más personas. Porque Él está aquí con nosotros, para que con su ejemplo irradiemos amor. Y una vez que tengamos el encuentro con Jesucristo, todo cambiará. ¿Estamos dispuestos a encontrarnos con Él?