Cuidado, sacerdote influencer

Cambiar el mundo, Rincón de Pensar

Fernando Gallego

Hoy nos hemos despertado con la noticia del abandono del estado sacerdotal de Alberto Ravagnani de la diócesis de Milán que se suma al padre Sam y Matthieu Jasseron.

Desconocemos todos los motivos por los que Alberto ha abandonado el sacerdocio, pero no podemos dejar de decir que hay que tener cuidado porque el alma sacerdotal hay que cuidarla. Alberto decía hace unos años: «Cuando en 2019 empecé mi misión como sacerdote en Busto Arizio, no encontré a casi ningún joven. Estaban todos en un parque fumando porros. Comprendí que para que volviesen tenía que ir en medio de ellos, asumiendo todos los riesgos».

¿Todos? Hay riesgos que no hay que tomar y menos si uno no cuida su alma. De hecho, el mismo Arzobispo de Milán, monseñor Mario Delpini, ya había advertido sobre los peligros de los sacerdotes influencers. Sin citar casos específicos, había expresado perplejidades sobre el uso de las redes sociales por parte de algunos sacerdotes y, aunque reconocía la necesidad de hablar el lenguaje de los jóvenes, Delpini había reiterado cómo las fragilidades adolescentes requieren sobre todo relaciones directas y presencia concreta, no solo comunicación digital.

Los sacerdotes tenemos que ser sacerdote, sacerdotes y eso supone ser principalmente hombres de oración y Eucaristía; luego puede venir todo lo demás, pero hay que cuidar que no nos dejemos llevar ni por una pastoral desmedida, ni por una vanidad galopante de ver cuántos y cuantos seguidores tenemos cada día.