Señor mío y Dios mío creo firmemente que estás aquí! ¿Lo creo de verdad? ¿Creo que Jesús está en el Sagrario? ¿Me comporto de tal modo que se puede afirmar que lo que creo lo vivo? Estas preguntas las voy a responder con dos pequeños sucesos.
El primero es Josemaría Escrivá siendo seminarista cuando pasaba noches y noches de oración rezando en el oratorio del seminario de San Carlos.
El segundo es un pequeño suceso que me contó hace años el mismo protagonista. Luis estudiaba en Rabat y allí, en su colegio, para que no hubiera peleas entre los alumnos estaba prohibido hablar de religión. Sin embargo Luis tenía un gran amigo musulmán y un día decidieron romper las reglas del colegio y hablaron De Dios. En un determinado momento este amigo musulmán le preguntó a Luis ¿Tú crees que Jesús está en las Iglesias? Luis contestó que si. Y ¿Cuántas veces vas verle? Todos los domingos, le respondió Luis. Su amigo musulmán le dijo: Luis creo que me engañas porque si yo supiera que Dios está en nuestras Mezquitas iría todos los días a verle.
Vives como piensas o acabas pensando como vives. Hay muchos que hoy son practicantes, pero poco creyentes.







