Fernando Gallego

No hay mes o semana que no nos sorprenda una noticia de un bautizo o boda bajo el sacramento del matrimonio de alguno/a que aparece habitualmente en los mass media o en las redes sociales. Hoy, de hecho, nos hemos levantado con el bautismo de la conocida Lily Philips que hasta hace poco tiempo no llevaba una vida muy ejemplar.

Nos alegramos, como no puede ser de otro modo, por estas noticias y estas conversiones de vida, pero nos da miedo.

Primero porque sean fruto de una moda y segundo, por como dice la nueva canción de la Oreja de Van Gogh, que sea: «creo en Dios pero a mi manera». Tampoco puedo negar que cada uno se relaciona con Dios como quiere, pero dentro de unos límites.

Sin embargo, no puedo olvidar, que esto ya lo vivimos en los primeros siglos del cristianismo y que la Iglesia, con unas catequesis serias, ha ayudado a que los catecúmenos fueran muy conscientes del paso que iban a dar y muchos de ellos han sido grandes santos.

Tenemos los medios en la Iglesia para ayudar a que estos y otros muchos que quieren convertirse sean conscientes de la grandeza del paso que van a dar.