«El Pozo de la Promesa. Cartas de la samaritana de Sicar» – Raúl M. Mir

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Saciar la sed del corazón

Todos, en algún momento de la vida, conocemos la sed. No la del cuerpo, sino esa que quema por dentro: la del sentido, la del amor verdadero, la de ser mirados sin máscaras, la de la superación de una grave enfermedad, la de salir adelante en medio de una situación crítica —económica, personal o espiritual— que parece no tener salida. Es una sed profunda, silenciosa, que no siempre sabemos nombrar, pero que condiciona cada paso que damos.

En esos días secos, cuando las fuerzas escasean y las respuestas no llegan, basta a veces un gesto sencillo de alguien —una escucha sincera, un silencio compartido, un abrazo fiel— para poder seguir caminando. Son muchos los “vasos de agua” que aparecen en nuestro desierto y que Dios pone en el camino para sostenernos. Personas concretas que, sin saberlo quizá, se convierten en signo de su cuidado y de su ternura.

Pero incluso esos gestos, tan necesarios y salvadores, apuntan a algo más grande. Porque solo Cristo es quien verdaderamente sacia la sed del corazón humano. Él no ofrece un alivio pasajero ni una solución superficial, sino un agua viva que alcanza lo más hondo de nuestra historia. En el encuentro con Él, la sed no desaparece mágicamente, pero se transforma: deja de ser vacío para convertirse en deseo, en camino, en esperanza.

Jesús sale al encuentro de nuestra fragilidad tal como somos, sin máscaras ni méritos, y nos mira con una verdad que no hiere, sino que sana. En medio de nuestras luchas, caídas y búsquedas, Él sigue pronunciando la misma promesa: «El que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás». Y quien se deja alcanzar por esa agua viva descubre que, aun en el desierto, es posible volver a florecer.

La novela El pozo de la promesa. Cartas de la samaritana de Sicar escrita por Raúl Mir y publicada por Mensajero nace desde esa experiencia: la de haber sido sostenido cuando no sabía pedir, la de haber encontrado en otros el reflejo del Cristo que sigue diciendo hoy: «El que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás». Este libro no es solo una narración bíblica; es un testimonio vivo de cómo Dios se sirve de encuentros concretos para transformar una vida.

La obra nos lleva hasta Sicar, junto al pozo de Jacob, donde una mujer samaritana —marcada por la marginación, el juicio y el silencio— se encuentra cara a cara con Jesús. Pero la historia no se cuenta desde fuera, sino desde dentro: a través de cartas dirigidas a su hijo, la samaritana pone palabras a su memoria, a su fe y a la verdad que la despertó. En ese diálogo íntimo y profundo con Jesús, descubre un agua que sacia toda sed y un amor que no condena, sino que restaura.

En su camino personal se refleja el de todos ser humano. Nuestras heridas, vacíos y anhelos que son los de tantos hombres y mujeres de hoy, con independencia de su edad: deseos de plenitud, búsquedas a veces confusas, preguntas que nadie parece querer escuchar. Y, sin embargo, el encuentro con Cristo lo cambia todo. La samaritana pasa de esconderse a anunciar, del silencio a la misión, de la vergüenza a la libertad. Una vida tocada por Él ya no puede permanecer indiferente.

Este libro es también un acto de gratitud. Gratitud hacia quienes han sido pozo, cuenco y río en el camino; hacia quienes no huyeron de la sed ajena, sino que se acercaron con humanidad y fe. Porque muchas veces es a través de otros como Dios nos da de beber.

El pozo de la promesa es una invitación a mirar nuestra propia historia con nuevos ojos: a reconocer la sed que llevamos dentro, a dejarnos encontrar por Cristo en medio de ella y a convertirnos, a su vez, en portadores de agua viva para los demás. Un testimonio de conversión, misión y esperanza encarnada. Porque el Evangelio sigue ocurriendo hoy, también en nosotros.

(Raúl M. Mir, El pozo de la promesa. Cartas de la Samaritana de Sicar, Madrid: Mensajero, 2026)