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Teología del hogar 4: «Servir es reinar»

Roger Scruton sobre el hogar: «la construcción de viviendas, la jardinería y el diseño de plazas, casas y calles es importante porque expresa y amplifica el deseo humano de asentamiento, de un entorno en el que las cosas encajen y las personas también. “Es un instrumento de paz”. Si buscamos serenamente esta belleza ordinaria en las cosas y relaciones cotidianas, construimos nuestro hogar. Esta belleza nos da paz, y también da paz a otros.

Les da una idea de lo que pueden tener, sin la ansiedad de pensar que de alguna manera deben ser perfectos; paradójicamente, es esa imperfección hogareña, lo que más les recuerda a ellos y a nosotros la Perfección de Dios.

Cuando una madre o un padre se vuelcan en su hogar, este giro requiere cierto desapego de las opiniones del mundo y una especie de confianza ciega. Pueden entonces buscar la paz misma, porque están libres de la atracción de cualquier actividad frenética.

Hay actividad, está bien, pero saben que en realidad pueden no apresurarse mientras realizan las tareas domésticas. Esto es muy liberador. Considerando lo caótico e intratable que es el mundo, pueden, si se dan un respiro, hacer de su propio hogar un refugio.

«Servir es reinar”. (Padre de la Iglesia Primitiva). La devoción al hogar es el mejor servicio, es verdaderamente reinar. Alguien puede preguntar: «Si me dedico a mi familia, ¿estaré fallando en ofrecer ayuda y misericordia para otros fuera del hogar?”

Es difícil sentirse caritativo y misericordioso cuando cambias al bebé y le pones un pijama tipo mono, cambias al niño pequeño y le pones (otro) pijama tipo mono y luego descubres que el niño «aprendiz de orinal» tuvo un accidente.

Son esos días en los que te preguntas si la Madre Teresa tenía razón al abrazar la vida célibe y salir a las calles de Calcuta, donde no puede haber tanto pijama tipo mono. Entonces, si las mujeres crian a sus propios hijos en total aislamiento ¿ donde queda el apostolado?

Aquí hay dos pensamientos, basados ​​en Casti Connubii:

1.- La virtud que todos necesitan para vivir juntos en armonía es la justicia . La estructura de la familia ofrece un modelo de, llamémoslo, justicia aplicada . Como repetía Juan Pablo II, el mundo pasa por la familia. Porque la familia, aun siendo imperfecta, por su naturaleza es santuario de los débiles (¿qué hay más débil que un niño?), ofrece amor a aquellos cuyo único derecho a ser atendidos es sólo que existen.

En sí misma, esta es una lección de justicia para la humanidad. Cuando la familia cumple su rol de maestra y “primera escuela de virtudes”, vemos cómo se aprende la justicia. ¿Y de qué otra manera se podría aprender?

Debes aprender estas cosas en las rodillas de tus padres o tendrás un camino difícil por delante… La familia ofrece la mayor justicia al niño, porque lo protege y lo nutre antes de enviarlo al mundo. Un niño necesita estabilidad casi más que cualquier otra cosa. Por eso las buenas sociedades siempre tratan de no alejar a un niño, incluso de una mala familia, sino brindarle a la familia la ayuda que necesita si es posible.

Ofrece justicia a la mujer, porque la familia ofrece protección a la esposa cuando es más vulnerable cubriendo su necesidad de tener tiempo para vincularse con su bebé.

La familia ofrece justicia al hombre que, sin este vínculo, no tendría una conexión lo suficientemente fuerte con su esposa y sus hijos. Cuando un hombre lo da todo por su familia, trabajando para ellos, sería injusto verlo separado de su hogar.

Exiliado por el bien de «la producción» y la sostenibilidad. Cuando los hombres, las mujeres y los niños viven en familias, experimentan la justicia y brindan justicia a los demás. Esta justicia se difunde.

2.- La misericordia se vive diariamente en la familia. Puede que no estés recibiendo mendigos de las calles, pero cuando estás lavando los pies de tus hijos, limpiando sus culitos y amamantándolos, estás haciendo actos de misericordia. Si lo hacéis por uno de estos más pequeños, por Mí lo hacéis, dijo Jesús.

Si salieras a cuidar a media docena de niños en un orfanato, ¿te sentirías más santo que cuando alimentas a tus propios hijos? Eso es un poco equivocado. Si una mujer sale de su casa para enseñar catequesis a los hijos de extraños, ¿es más santa que cuando se sienta en el sofá y lee una historia de la bíblia a los suyos? Hay que dejar de sentirse culpable por pasar tiempo en casa. Si todo el mundo trabaja hasta tarde ¿Quién tiene tiempo de visitar a los ancianos?

Si hay niños que viven al lado cuya madre soltera no llega a casa hasta tarde, es la familia vecina quien se asegura de que merienden y hagan su tarea. Donde no hay familia vecina, los niños de al lado están solos.

La familia es un sistema asombrosamente eficiente para el bien social, mientras que el gobierno proporciona un remedio torpe y, en el mejor de los casos, irregular. Resulta que Dios no ordenó el mundo para que estés indefenso. Hizo lo contrario. Confundió a los sabios, ¿sabes? (I Corintios 1:27) Él hizo de las cosas más pequeñas las de mayor importancia. Por eso amar el pequeño hogar es una acción tan grande e incluso trascendental en el mundo.

El tipo de estado , la Iglesia, y la persona, todo esto depende de cómo se vivan las cosas en el hogar. cómo? cómo vivir esta vida familiar según el plan de Dios para estos tiempos. «El espíritu está dispuesto pero la carne no tiene idea de cómo proceder”.

Por eso el Espíritu santo está inspirando la #teologíadelhogar.

(adaptado y traducido de varios artículos del blog Like Mother like Daughter.)

La Samaritana

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