Los pobres no tienen dinero para comprarse muchas cosas en las rebajas. Y a veces no encuentran el afecto que buscan en los demás. Son pobres porque no tienen quienes les comprendan, como también te puede ocurrir a ti. Precisamente con esta Bienaventuranza, el Señor se refería a nosotros.

Y nos sirve pensar que la Virgen no era pobre porque no tuviera, sino porque lo poco que tuvo, todo, lo entregó a Dios. Por eso fue dichosa. El Señor siempre hace lo mismo: cuando quiere hacernos un regalo importante, primero nos pide lo poco que tenemos, nuestra calderilla.

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