Esto es la enfermedad más peligrosa: la tibieza. El tibio juega a dos bandas: con Dios y con el enemigo. Pretende servir a los dos. De alguna forma es como en el espionaje. El tibio es un espía doble: intenta beneficiarse de los dos ejércitos.

La tibieza muchas veces es una cosa oculta. El tibio, con su doble juego, va perdiendo la fe, porque le facilita las cosas al enemigo.

 

Artículo anteriorMaría Gálligo: Si Dios me llama a la vida consagrada no es por mérito propio sino por su misericordia
Artículo siguienteDe comunista a cristiano. La historia de Enrique