Hoy, el Señor me anima a confiar en Él de verdad. No debo caer en las vicisitudes de los impíos. Ésas que tantas veces son las mías propias. Con humildad, he de seguir el camino recto de Dios en la medida de mis posibilidades, siempre sobre una acción de Dios, la acción de la Gracia salvificadora.

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