En esa niña, Jesús me abrazaba y no me dejaba ir

Ya os hemos hablado alguna vez de Israel Domingo, incluso él nos ha escrito un testimonio suyo de su labor en Calcuta  Jesús se encuentra entre los excrementos de Calcuta

Nos ha vuelto a escribir para contarnos una historia muy bonita. Muchas gracias, Israel:

Hoy es 31 de Julio.
Este año estoy yendo a la casa de Daya Dan, ayudando a niñas de entre 8 y 18 años con problemas físicos y mentales. El año pasado ya pasé 10 días en esta casa. Ayer me pasó una cosa muy bonita. Hay una niña que es ciega, tiene problemas mentales de algún tipo, padece de epilepsia y tiene problemas de movilidad. Además sufre de temblores constantes. La verdad es que le ha tocado todo. Se llama Munni. Por lo general los voluntarios no le hacen mucho caso porque es difícil comunicarse con ella y no saben lo q quiere así q decidí acercarme a ver que pasaba. La empecé a acariciar y empezó a tener unos temblores exagerados. En ese momento no sabía si debía irme porque quizás estaba haciendo más mal que bien, pero decidí esperar y empecé a cantarle al oído. Poco a poco se fue tranquilizando y ella empezó a cantar y a abrazarme. Empezó a sonreír y dar palmas. O a intentarlo al menos. Mientras la acariciaba y la daba besitos la decía que la quería mucho (en bengalí para que pudiera entenderme) y ella sonreía. Cada vez que le decía que era muy guapa (en bengalí, también) se reía y aplaudía. Pasé bastante rato con ella y me levanté para ir a hacer otras cosillas que había que hacer. Fue imposible, me abrazó de la pierna y no me dejaba ir. Un voluntario italiano que estaba cerca no daba crédito de lo que pasaba. Esa niña que siempre está sola y sin hacer nada me estaba dando un amor que pocas veces se experimenta. Era Jesús que me abrazaba y no me dejaba ir. Como es de esperar, me quedé con ella hasta que no pude eludir por más tiempo otras obligaciones.
Hoy he vuelto a la casa y, por supuesto, he vuelto a estar con ella un rato. En un sólo día ya reconoce mi voz y me busca con esos ojos ciegos pero que entienden el idioma del corazón. Nos lo hemos pasado muy bien juntos, cantando, dando palmas y abrazándonos. Otro regalo del Señor. Nunca me dejara de sorprender el tema del amor. Yo, un miserable que doy un poquito de vez en cuando, pero cuando llega ese momento en el que doy un poquito, Dios me lo devuelve multiplicado por infinito.