Ya viene. Cuento de Navidad.

—¡Ya viene! ¡ya viene!
—¿Quién viene?
—Nunca te enteras de nada, ¡el Salvador!
—¡lo veo! Una estrella brillante en el cielo.
—Y dicen que viene a esta posada.
—¿A esta posada tan vieja y llena de animales?
—¡Organización! — ordenó la gallina. — Hay que hacerle hueco.
— Apartar todos. Yo le recibiré cantando, tengo una voz preciosa —dijo orgulloso el pajarito.
—Un momento, eres muy pequeño y tu canto le despertará, es sólo un niño. Yo, que soy una oveja suave, debería ser quién esté cerca, además nunca molesto a nadie, soy muy humilde.
— A ver oveja aparta, no sólo es un niño, es un rey —interrumpió la vaca— yo seré la primera en recibirle, tengo leche y un cencerro.
—Precisamente, ese cencerro que odio cada vez que mueves tu cornuda cabeza… Sin embargo, yo, el gato, soy peludo y apenas ronroneo.
—Si te acercas mucho le meterás un bigote en el ojo y esas zarpas de guepardo no son seguras. Yo, el cerdo, soy toooodo blandito y corazón, ¡hasta soy rosa!
—¡Os olvidáis de mí! —volvió a hablar la gallina.
—¿Y que le despiertes en cuanto salga el Sol? Por no hablar de como hueles… —los demás animales se echaron a reír.

El burro metía la cabeza en el pesebre y comía atento a la conversación sin atreverse a intervenir. Él era muy grande para un bebé tan pequeño, su pelaje no era suave, su rebuzno era ronco, se veía torpe para estar cerca ¡ni más ni menos que del Niño Jesús!

Una luz deslumbró la sala. Como si la estrella del cielo hubiera entrado allí mismo, en aquel viejo portal de la cuidad de Belén.
Todos los animales miraban atónitos con los ojos bien abiertos y los picos cerrados.
La Virgen daba pasos ligeros en la paja por toda la sala hasta llegar a una esquina. Posó al Niño sobre el pesebre con cuidado.
El burro asomó la cabeza y se acercó para darle calor a su Dios.
-Me ha elegido a mí.

 

 

Débora Martínez

@minioesuncolor