Luna de Miel en la Misión

Cuatro días después de casarse, Jara Zotes y Carlos García cogieron un avión a Mozambique. Ella farmacéutica, y él médico, estos jóvenes de 31 años dedicaron su primer año de casados a la misión en Nacuxa, donde los misioneros vicentinos coordinan un instituto y un centro de salud.

No estamos acostumbrados a ver una generosidad y desprendimiento hasta este punto. Y es que el amor a Dios mueve corazones. Alfa y Omega los ha entrevistado ahora que están en España esperando su primer hijo.

¿Qué os movió a dedicar vuestro primer año de casados a la misión?

Los dos habíamos tenido experiencias previas de misión de corta duración (en verano, por 3 meses…) y ya una vez prometidos y conscientes de todo lo que habíamos recibido, sentimos que Dios nos llamaba a dar el salto y compartir la vida con aquellos que no han tenido tanta suerte como nosotros. Pensamos que era el momento adecuado, dejamos nuestros trabajos y nos embarcamos en la aventura 4 días después de darnos el “Sí quiero”, siempre confiando en que Dios no nos dejaría solos.

Los dos sois profesionales de la salud. ¿Os consideráis misioneros mientras hacéis labores sanitarias? ¿Qué os diferencia de un cooperante?

Efectivamente, creemos que lo que diferencia a un misionero de un cooperante está no tanto en “lo que haces” sino en “cómo lo haces”. Nosotros, con nuestras pobrezas y limitaciones, intentamos tratar a las personas que acudían a nosotros con todo el amor y dignidad posibles, viendo en ellos el rostro de Cristo. Intentamos que nuestro apoyo a las personas de la comunidad y los alumnos no solo fuera en lo sanitario, sino también en lo espiritual, abrazándolos en su totalidad independientemente de su religión o creencia (la mayoría eran musulmanes), como lo haría Cristo.

Puedes continuar leyendo esta entrevista en Alfa y Omega para darte cuenta, como dicen ellos, que “La vida está para entregarla, no para únicamente disfrutarla”.