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Silvia Librada Flores: “He conseguido demostrar que se puede morir bien”

Decir adiós nunca es fácil. Ni para el que se va ni para el que se queda. «¿Qué menos que acompañarles en su despedida?», relata Silvia Librada Flores. Esta emeritense de 43 años se refiere a las personas y habla de la despedida más difícil de todas: la última. Acaba de presentar su tesis doctoral sobre comunidades compasivas al final de la vida en la Universidad de Sevilla. Se trata del primer doctorado de nuestro país sobre la compasión.

Fuente: ElPeriodicoExtremaduraa.com

Silvia Librada Flores

«Hace 18 años conocí los cuidados paliativos, seis meses después del fallecimiento de mi padre», cuenta. Fue gracias a su primer trabajo al terminar la licenciatura de Biología en la Universidad de Extremadura. «Tuve la oportunidad de acceder a un programa regional que justo este 2022 celebra su veinte aniversario. Mi vínculo fue desde la investigación y mi trabajo consistía en dar apoyo a un grupo de profesionales en el desarrollo del proyecto», explica.

«No sabía que había una forma diferente de morir. Mi padre se fue en el hospital y cuando descubrí esta disciplina preciosa se convirtió para mí en una nueva carrera profesional», declara. Su interés la llevó a trabajar en el Observatorio Regional de Cuidados Paliativos de Extremadura del Servicio Extremeño de Salud durante siete años. «De allí dimos el salto a formar la FundaciónNew Healthen Sevilla».

Actualmente Librada es la directora del programa ‘Todos contigo de comunidades compasivas al final de la vida, investigación e innovación en cuidados paliativos’ de la fundación.

Un sueño cumplido

«Empezó mi sueño. El propósito del proyecto en el que trabajo se centra en desarrollar estos cuidados con un modelo de innovación que consiste en atender las necesidades sanitarias, sociales y comunitarias. Lo hacemos por todo el mundo, aunque principalmente en España y Latinoamérica», asegura.

Tras dar salida a este programa, comenzó a elaborar su tesis doctoral. «Quería llevar a cabo un método de comunidades compasivas al final de la vida que fuera real». Esto no solo puso el título a su doctorado, sino a su proyecto de vida: Comunidades compasivas al final de la vida: modelos de desarrollo y evaluación del impacto en la sociedad.

Cinco años de sacrificio le llevaron a obtener un sobresaliente cum laude, el máximo reconocimiento. Sin embargo, la bióloga desvela que lo más importante es poder haber hecho realidad su anhelo. «He conseguido demostrar que se puede morir bien», espeta. Durante la elaboración del doctorado no sabía que iba a tener que acompañar a su madre en el duro proceso de despedida. «Esta propia experiencia me hizo convencerme de que estos cuidados son la verdadera respuesta a que existe una mejor forma de vivir y de morir», declara.

Más allá de la compañía

«Habitualmente cuando se atiende a una persona lo que se hace es cubrir sus necesidades físicas, emocionales, espirituales y psicológicas, pero hay que darse cuenta que en casa también necesitan apoyo. Muchos viven solos y no pueden si quiera coger una sartén por el mango.

Por ello perseguimos –haciendo referencia a su empleo desde la fundación– una manera de anclar el trabajo de los profesionales del sector sanitario y del sector social, con la ayuda extra del círculo más cercano –redes de familiares, vecinos, amigos, compañeros de trabajo…– de esa vida que va a finalizar. Todos podemos hacer algo.
Silvia Librada Flores

Lo primero que hacemos es identificar más de 20 necesidades que puedan llegar a tener en sus últimos días. Desde ir al baño hasta asuntos legales. Buscamos conseguir que todo esto no recaiga en una sola persona, que suele ser un profesional, sino que exista una colaboración entre el entorno. Es un regalo para las personas que cuidas. A través del acompañamiento se ha demostrado que mejora el sentimiento de soledad, disminuye la ansiedad y se mejora la calidad de vida de los pacientes», resume.

La extremeña hace hincapié en el tabú de la muerte que existe en la sociedad. «Que sea la primera tesis que se realiza sobre comunidades compasivas demuestra que la muerte no está resuelta en nuestra sociedad. La pandemia nos ha dado la razón con respecto a que nadie debe morir solo y hemos vivido la implicación de muchos que decidieron acompañar a desconocidos a morir. Nos hemos dado cuenta que no hay que darle la espalda a la muerte porque cuando la tenemos delante lo único que nos sale es amor. Hay que tener presente en nuestro día a día que todos, al fin y al cabo, tenemos el mismo fin. », sostiene. «Estar bien cuidado hasta el último momento de la vida es un derecho», concluye.

Publicado en Euvita

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