Entre dramas, tragedias y comedias

Noticias

Sin Autor

Suenan las fanfarrias del carnaval. Con tono desenfadado intentan mitigar un presente sombrío que está resultando duro y cuesta arriba para tantas personas. Las charangas con su música, letra y escenografías, son críticas ante tantas situaciones con las que a diario aparecen en todos los estratos de la sociedad en la que abultan las sombras y los rumores de un viaje sin norte, sin brújula y sin horizonte.

Basta leer las noticias diarias para darnos cuenta del deterioro al que hemos llegado cuando la corrupción se maquilla hasta lo obsceno, las mentiras se normalizan como forma de gobernanza, la inmoralidad sale a chorros entre los vendedores de moralina, y la irresponsabilidad de los mandamases que roban a mansalva, aunque tantos inocentes paguen con la vida. Lo vemos en los casos de corrupción diarios, en los brindis al sol mendaces, en la pereza ladrona de quienes sólo mantienen sus prebendas, sus botines y sus poltronas. Con este bronco paisaje político y social nos vuelve a sorprender un tiempo extraño para algunos que se apresuran a saludar pública e institucionalmente a los musulmanes por el ramadán, adoctrinando a toda la población sobre las fechas de este respetable evento islámico, sobre sus gestos y sus razones, mientras no dicen una palabra sobre el comienzo de la cuaresma cristiana.

Tuvo comienzo el miércoles pasado con ceniza que volvió a caer. No es el aspaviento de un volcán fumante, ni la resulta de un incendio arrasador. La ceniza es el recuerdo humilde de nuestro humus, de esa tierra de la que fuimos formados por las manos creadoras de Dios, como dice bellamente el texto arcaico del Génesis. No se trata de un cansino toma y daca por parte de la Iglesia que pretendiese echar, no leña al fuego, sino ceniza al apagón. No es un mensaje ceniciento que nos pone de nuevo contra las cuerdas para acorralarnos en el miedo o la tristeza, como si la vida no tuviera ya demasiados rincones en los que sentimos incertidumbres, penurias y desazón.

La ceniza se ha puesto de nuevo en nuestras cabezas para invitarnos con respeto y ternura a alzar nuestra mirada humildemente, sin tronío ni alharaca, sin despecho ni ambición. Levantar nuestros ojos desde la realidad siempre mejorable, desde las mil fisuras por las que se nos fugan la esperanza, la certeza y la ilusión. Porque la ceniza no consiste en una losa humillante que viene a aplastarnos más aún de cuanto cotidianamente nos abruma, sino que ese símbolo cuaresmal nos abre al deseo de lo que no logramos por nosotros mismos que se cumpla.

Y esta apertura deseosa es la que nos permite vislumbrar con alegría presentida que la palabra última no le pertenece a nuestro fracaso y pesar, sino a la promesa cumplida que, como perfume verdadero, Dios nos quiere nuevamente regalar. Es ceniza perfumada, como el polvo enamorado del que nos hablaba el poeta Francisco de Quevedo: serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado.

El gran teólogo H.U. von Balthasar hablaba de Dios en una de sus obras principales desde las figuras del teatro griego: porque del misterio de Dios no se puede hablar en clave de comedia ni en clave de tragedia, sino sólo desde el drama, la “teodramática”. Hay mucha comedia y demasiados comediantes que se toman la vida a juerga generando tantas tragedias como vemos que hay en las lágrimas y desesperanzas de mucha gente.

Pero el drama es otra cosa: ni carcajada frívola ni llanto inconsolable, sino el abrazo sereno y libre de una realidad en la que verter una gota de fe, una ternura de caridad y un horizonte de esperanza, asomándonos a cuanto sucede desde la mirada dulce de Dios. Para esto Jesús se hizo hombre, para esto nos habló con sus palabras y nos bendijo con sus signos y milagros, para librarnos de las tragedias y comedias que nos destruyen, para hacernos dramáticamente felices, sabios, justos y santos. Esta es la cuaresma cristiana, la oración, ayuno y limosna a que nos invita la Iglesia para una renovada conversión.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo