Avanza el proceso de beatificación de sor María Thea

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La Diócesis de Jackson, Mississippi, cerró oficialmente esta semana sus procedimientos sobre la posible santidad de la Sierva de Dios Hermana Mary Thea Bowman, una conversa católica.

En Yazoo City, el 29 de diciembre de 1937, nació una niña: Bertha Bowman. Su familia pertenece a la comunidad metodista y profesa con alegría su fe. Su padres se dan cuenta de que la niña es muy inteligente y aprende con facilidad y la inscribieron en la Escuela Holy Child Jesus de Cantón, donde conoció a las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua.

La bondad y la profesionalidad de las hermanas impresionaron a la joven alumna. Se sintió muy atraída por su ejemplo de vida, especialmente por su servicio a los niños pobres y necesitados. Con tan sólo 8 años, Bertha pide permiso a sus padres para hacerse católica y accedieron.

Con 15 años ingresa como novicia en la Orden de las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua, de Wisconsin. Allí tomará el nombre de María Thea.

Dotada de una inteligencia excepcional y un carisma natural, la hermana Thea se convirtió en una influyente educadora y oradora. Tras obtener su doctorado, desafió la metáfora del melting pot (crisol de culturas), defendiendo en su lugar la analogía de la «ensalada»: un modelo de sociedad multicultural donde cada individuo y cultura aporta su riqueza propia sin perder su identidad.

Su labor fue fundamental en la renovación litúrgica post-Vaticano II. En 1987, publicó Lead Me, Guide Me, el primer himnario católico afroamericano, validando la música y la espiritualidad negra como dones esenciales para la Iglesia universal.

A pesar de padecer un cáncer terminal en sus últimos años, continuó su ministerio desde una silla de ruedas, abogando ante la Conferencia de Obispos Católicos por una Iglesia que fuera una verdadera «familia de familias» sin distinciones raciales.

Fallecida en 1990, su causa de beatificación se abrió en 2018, consolidando su legado como una figura clave de reconciliación, unidad y alegría en la diversidad.

Fuente: Archidiócesis de Granada