Qué aporta a los jóvenes «La isla de las tentaciones»

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Sara Pérez-Tomé, especialista en asesoramiento y orientación de pareja y de familia, ha escrito un artículo en Sapos y Princesas en el que expone la clase de amor que se transmite en «La isla de las Tentaciones».

Este análisis examina el impacto del reality show en la formación afectiva de los jóvenes, subrayando que lo que se presenta como mero entretenimiento constituye, en realidad, un modelo de relación basado en la toxicidad y el espectáculo del dolor. A través de seis ejes críticos, se argumenta que el programa desvirtúa la esencia de los vínculos sanos, sustituyendo el compromiso por una desconfianza sistemática y la intimidad por una vigilancia constante.

El formato normaliza comportamientos perjudiciales como el chantaje emocional, el desprecio y la posesión, presentándolos bajo una estética épica que valida la impulsividad sobre la reflexión. Al reducir el amor a la atracción física y a la «prueba de fidelidad» en entornos artificiales, se envía un mensaje equívoco a los adolescentes: que los celos son una prueba de afecto y que el poder en la pareja reside en la capacidad de infligir daño.

El texto concluye con un llamamiento a la responsabilidad compartida de padres y educadores. No se aboga por la censura, sino por el fomento del pensamiento crítico. Es imperativo que los adultos ayuden a las nuevas generaciones a distinguir entre la ficción televisiva y la realidad de un vínculo maduro. En última instancia, se defiende que el amor auténtico no requiere de cámaras ni de desafíos extremos, sino que se sustenta en valores invisibles para el espectáculo: el respeto, la coherencia, la paciencia y el cuidado mutuo.