De la élite del hockey argentino a la vida religiosa

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La trayectoria de María Belén Simmermacher, conocida actualmente como Maria Vergine dei Tramonti, representa una singular transición desde la élite del deporte argentino hacia una vida de consagración religiosa y rigor académico en Europa. Su historia es un testimonio de evolución vocacional que entrelaza el alto rendimiento deportivo con el servicio misionero.

A principios de la década de 2000, Simmermacher se perfilaba como una de las grandes promesas del hockey sobre césped en Argentina. Como integrante de las Leoncitas, formó parte del seleccionado nacional sub-21 que obtuvo la medalla de plata en el Mundial Junior de 2001. Paralelamente a su carrera en el San Isidro Club (SIC), completó su formación civil licenciándose en Economía por la Universidad Católica Argentina (UCA) y desempeñándose profesionalmente en el sector administrativo y financiero.

En 2005, en la plenitud de su carrera deportiva y profesional, Simmermacher inició un proceso de discernimiento espiritual. Tras participar en ejercicios ignacianos y conocer el carisma del Instituto Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, decidió abandonar la selección nacional para ingresar al noviciado en 2006. En 2007 realizó sus primeros votos, adoptando su nombre religioso en honor a un fresco de la Basílica de San Francisco en Asís.

Su vida consagrada ha estado marcada por una profunda excelencia académica. Trasladada a Italia por sus superiores, cursó estudios en Filosofía y Teología, culminando con un doctorado en Derecho Canónico en 2019. Desde 2020, ejerce su labor misionera en Lausana, Suiza, donde dirige una residencia universitaria. Allí, lidera una comunidad de religiosas que brinda acompañamiento a jóvenes estudiantes.

Fuente: Clarín