Amar al otro como es

Matrimonio, Noviazgo

Sin Autor

En esta travesía de la vida creo que muchos de nosotros tenemos momentos de introspección profunda y reflexión, en los cuales, cuando nos encontramos en una relación de pareja, nos preguntamos: ¿soy realmente feliz? ¿Me siento realmente amado? ¿Esto es lo que quiero para el resto de mi vida? Estos momentos, ya sean de validación o de cierta crisis, son vitales porque nos permiten continuar luchando por amar día tras día, amar en la verdad o, por el contrario, nos posibilitan percatarnos de que es necesario dejar de vivir una mentira.

Amar al otro es una decisión diaria. Supone que se conozca por completo a la otra persona, el ser amado. Implica, a su vez, que estoy siendo quien realmente soy con el otro en todo momento: transparente, sincero, auténtico.

Esta realidad propia y constitutiva del amor requiere trabajo, esfuerzo, perseverancia, paciencia, fortaleza. Asimismo, supone tener el entendimiento y la sabiduría para que nos capaciten con la perspicacia para ver al otro tal cual es, sin idealizaciones, y sin pesimismo o distorsiones generadas por nuestras propias heridas. Para ello, quisiera que compartiéramos cinco conceptos clave que pueden ser de gran ayuda, sobre todo en este fin de año, para tomar las determinaciones correctas para amar cada vez más y mejor.

1. Todos tenemos el anhelo de ser amados, tal cual somos

¿Qué es lo que más deseas en tu corazón? Estoy segura (porque lo he escuchado) que todos tenemos un eco en lo más profundo de nuestro ser que grita a cada instante que deseamos ser reconocidos, ser admirados, ser aceptados… y esto se traduce en que todos queremos ser amados. No obstante, el amor, es decir el propósito diario de amar, nos exige donación y acogida mutua y constante.

La donación nos mueve a entregar todo cuanto somos, sin reservarnos nada para nosotros mismos, sin abrir ni un solo espacio para el egoísmo o el egocentrismo. Al mismo tiempo, supone acogida. Nos llama a una apertura plena para recibir a nuestra pareja en su totalidad, sin modificaciones, sin tergiversaciones de su personalidad, sin invenciones de sus virtudes, sin ninguna falsedad que nos haga amar una versión del otro que parece más una historia de ciencia ficción que lo que la persona realmente es. Recordemos que será siempre digna de respeto y de ser amada por quien es y no por quien se desea que sea.

Además, no podemos olvidar que todos estos anhelos jamás serán saciados por completo sino por el Amor, nuestro Dios, que es el único que nos conoce en totalidad (incluso más que nosotros mismos), que nos ama incondicional e infinitamente hoy y siempre. Por lo tanto, imponer esa carga al amor humano y, específicamente, al amor de pareja, es injusto. Nos llena de frustración y agonía permanentes.

2. Para ser amados… debemos ser auténticos

Este anhelo del amor verdadero nos llama a ser genuinos, a mostrarnos como somos. Sin embargo, no es un motivo válido para evitar crecer, para impedir ser cada vez mejores, para alejarnos de la lucha por dejar a atrás nuestros defectos y falencias y, realmente, para frenarnos búsqueda de la perfección en nuestra vida. Recordemos que estamos llamados a la santidad.

Entonces, ¿qué es ser auténticos? Es, simplemente, atrevernos a no dejar de intentarlo, siendo siempre honestos con los demás y con nosotros mismos. Significa ser coherentes. Implica que nuestro corazón se alinee con nuestros pensamientos y con nuestro actuar. Es dejar a un lado los falsos elogios, las mentiras piadosas y los inútiles respetos humanos que solo son una traición constante a quienes somos, que no nos permiten abrirnos a nuestros hermanos, serviles, buscar su verdadero bien, amarlos.

3. Autoconocimiento: proceso vital para el amor verdadero

Ahora, tal vez, muchos nos preguntaremos: ¿cómo soy quien en verdad soy? Si nos hacemos esta pregunta, nos falta autoconocimiento. El autoconocimiento es un camino retador que nunca acaba, un camino en el que debemos navegar por nuestros pensamientos, pasiones, deseos, emociones, sentimientos… Es decir, por nuestra psicología, nuestra alma, nuestro cuerpo, todo nuestro ser, por el resto de nuestras vidas. Transitarlo, nos permitirá identificar y poder empezar un proceso de sanación de nuestras heridas, conocer nuestras debilidades y fortalezas, desarraigar nuestros defectos o vicios y cultivar nuestras virtudes.

Así, el autoconocimiento es absolutamente necesario para amar: para amarnos a nosotros mismos y para amar a los demás. Por lo que la invitación, para aquellos que estamos solteros, es sumergirnos con valentía en este conocimiento, pararnos frente al espejo y descubrir quienes somos, y si me permiten aconsejarles, siempre de la mano de quien nos ama y conoce sin reservas, nuestro Padre y Creador, para poder entonces revelarnos a los demás y amar ya, aquí y ahora a quienes nos rodean.

Por otro lado, para aquellos que viven en este momento una relación de pareja, como también para los esposos, el llamado es nunca dejar el proceso del autoconocimiento, añadiendo a este el buscar el conocimiento del otro con el fin de buscar su mayor bien y, de ese modo, amarlo.

4. El amar al otro implica conocimiento mutuo

Es posible que a algunos les haya quedado resonando la última frase del apartado anterior: “buscar su mayor bien y, de ese modo, amarlo”. No existe una mejor manera que esta para describir lo que es el amor de pareja, sobre todo el amor entre esposos. Comprender este elemento fundamental del amor no lo hace más fácil de vivir. Nos pide, nos exige, nos motiva, nos empuja al conocimiento mutuo.

¿Cómo buscar el bien mayor para esa persona única e irrepetible que he prometido amar para toda la vida si no la conozco en lo más hondo de su ser? ¿Podría discernir qué es el bien superior para ella en cada segundo de nuestra vida juntos cuando no conozco su personalidad, sus anhelos, sus debilidades, sus fortalezas, su vocación? Más aún, ¿puedo amar a lo otra persona basándome en mis versiones idealizadas de ella? ¿Puedo amar al otro de la forma como yo quiero que sea? Definitivamente, no. Eso no es amor, porque no es real.

5. Reconocer la fertilidad: herramienta clave

Seguramente los que han llegado hasta aquí se preguntarán: ¿cómo procurar el conocimiento mutuo? Existen muchas opciones viables, algunas se adaptan más a unos que a otros. Entonces, es importante buscar de forma continua modos de lograr comprenderse más integralmente como personas.

En esta línea, quisiera proponerles un recurso que muchos de los esposos que acompaño en consulta han encontrado de gran ayuda para volver a conectarse, entenderse, escucharse, amarse… es el reconocimiento de la fertilidad. Estos métodos, inicialmente, buscan reconocer la fertilidad mutua, que pareciera solo enfrascarse en la dimensión biológica del ser humano. Lo cierto es que los va llevando por un sendero de comunicación ininterrumpible y cada vez más profundo. Les permite experimentar otro nivel de su sexualidad que no se agota y que impregna todas las otras dimensiones de su persona (social, espiritual, psicológica).

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Finalmente, es fundamental entender dos conceptos para nunca desanimarse: primero, entender que el conocimiento mutuo nunca tiene limite o fecha de caducidad. Segundo, saber que implica una comunicación constante, porque somos dinámicos, en constante cambio.

Las fluctuaciones de la vida hacen que el conocimiento mutuo requiera un interés constante por amarse siempre, amarse más, amarse mejor.

Ana Carolina Rojas para Ama fuerte